Al presbiterio, pueblo de Dios y personas de buena voluntad  

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Por el interesante aporte de esta Carta Pastoral, hacemos la publicación para la reflexión y analisis.
¡Salud y paz en el Señor!
Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal


A) Atender los signos de los tiempos
1. Los pueblos de Venezuela y de toda América Latina viven momentos de esperanza e impulsan importantes procesos de cambio. Una buena parte de ese pueblo alimenta su esperanza en la fe en Jesucristo hecho hombre entre los pobres de la tierra. La Iglesia Católica, comunidad de los seguidores de Jesucristo, enviada a anunciar y dar testimonio de la Buena Noticia en cada uno de los momentos de la historia humana quiere atender los signos de este tiempo y realizar su misión en la fidelidad a quien nos ha convocado.

2. Desde hace ya algún tiempo, se ha venido anunciando la implementación de un proyecto socio-político denominado “Socialismo del siglo XXI”. Tanto el Presidente de la República como voceros del Gobierno lo han señalado claramente. Se nos está invitando al diseño de dicho modelo con la discusión y puesta en común de reflexiones y puntos de vista. Según lo que ha venido apareciendo en los órganos de comunicación social, el debate está abierto. Desde esta perspectiva, consideramos que la Iglesia tiene una palabra que decir, enraizada en su Doctrina Social y con basamento en la Palabra de Dios. Por ello, hemos considerado oportuno, conveniente y necesario presentar al Pueblo de Dios y a las personas de buena voluntad algunas reflexiones que permitan tener muy clara la visión de la Iglesia y el aporte que podemos y debemos brindar en la discusión sobre el “Socialismo del siglo XXI”.

Es en esa dinámica democrática en la que pueden hacer sus aportes desde una posición racional quienes propician formas distintas o representan la oposición política al actual gobierno.

“ … Consideramos que la Iglesia tiene una palabra que decir, enraizada en su Doctrina Social y con basamento en la Palabra de Dios. Por ello, hemos considerado oportuno, conveniente y necesario presentar al Pueblo de Dios y a las personas de buena voluntad algunas reflexiones que permitan tener muy clara la visión de la Iglesia y el aporte que podemos y debemos brindar en la discusión sobre el Socialismo del siglo XXI. “

3.
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Es necesario que todos los miembros de la Iglesia , cualquiera que sea su filiación política, sepan cuál es el contenido de lo que la Iglesia está en condiciones y llamada a aportar desde su densa tradición de fe y vida, enriquecida con el compromiso permanente de la Iglesia en el campo de la promoción humana y solidaridad con todos, en especial con los más pobres y excluidos de la sociedad. Si bien diversos voceros de esta tendencia han señalado que el diseño de este modelo del “Socialismo del siglo XXI” es tarea de todos los ciudadanos, es importante garantizar tanto la participación libre en la discusión y toma de decisiones sobre su estructura como la creación de un modelo que no se limite a imponer la voluntad de la mayoría sino integre las ideas de las minorías de forma tal que el sistema político que se derive cuente con la legitimidad necesaria para sentar y consolidar las bases de la convivencia pacífica de toda la ciudadanía . Corresponde al propio Presidente de la República y a las organizaciones que propician este modelo crear las condiciones para el encuentro de todos los venezolanos y de todas las tendencias, sin exclusiones , en el proceso de diseñar y poner en práctica el modelo político que mejor garantice el bien común. Es en esa dinámica democrática en la que pueden hacer sus aportes desde una posición racional quienes propician formas distintas o representan la oposición política al actual gobierno.

4. Un modelo propio para la Venezuela actual y futura puede encontrar su fortaleza en torno a políticas públicas orientadas a la superación de la pobreza, en las que las mismas personas afectadas por ella, sean protagonistas de su liberación con apoyo del Estado y de la sociedad civil. Sin aferrarse a una denominación u otra es posible encontrar múltiples áreas de coincidencia entre los más diversos actores políticos y sociales que hagan posible avanzar hacia una sociedad más justa y humana. La concepción y organización del Estado que puede hacer posible esa visión compartida del futuro de Venezuela es aquella que profundice los principios de la democracia que hacen posible el reconocimiento de todos en el proceso sociopolítico y el balance en el ejercicio del poder.

La Iglesia no es un agente político
“ … La Iglesia no es ni quiere ser un agente político, tampoco compite por el ejercicio del poder. Tiene, sin embargo, un profundo interés por el bien de la comunidad política, cuya alma es la justicia, y ofrece su contribución específica en dos niveles. En efecto, la fe cristiana purifica la razón y le ayuda a ser lo que debe ser. Por consiguiente, con su doctrina social, argumentada a partir de lo que está de acuerdo con la naturaleza de todo ser humano, la Iglesia contribuye a hacer que se pueda reconocer eficazmente, y luego también realizar, lo que es justo. ”

5. También la Iglesia, pueblo de Dios en el que conviven en una misma fe creyentes que poseen diversas posturas y opiniones políticas, se siente invitada a aportar su palabra. La Iglesia no es ni quiere ser un agente político, tampoco compite por el ejercicio del poder. Tiene, sin embargo, un profundo interés por el bien de la comunidad política, cuya alma es la justicia, y ofrece su contribución específica en dos niveles. En efecto, la fe cristiana purifica la razón y le ayuda a ser lo que debe ser. Por consiguiente, con su doctrina social, argumentada a partir de lo que está de acuerdo con la naturaleza de todo ser humano, la Iglesia contribuye a hacer que se pueda reconocer eficazmente, y luego también realizar, lo que es justo. Desde esta perspectiva, en este momento histórico tan importante de nuestra historia queremos compartir algunas reflexiones que puedan iluminarnos a todos.

6. Pedimos a todos los sacerdotes, en especial a los párrocos, a los religiosos y religiosas, así como a los laicos que están comprometidos en la acción evangelizadora de la Iglesia que faciliten a todos en sus diversas comunidades e instituciones el estudio y la reflexión acerca de este tema, buscando fortalecer, desde la fe y el compromiso cristiano en coherencia de vida y testimonio decidido, la presencia de nuestra Iglesia en todos los ámbitos del quehacer social de nuestra región y en el país.

BENEDICTO XVI, Discurso a los participantes en la IV Asamblea Eclesial Nacional Italiana , Verona 19 de octubre de 2006.

B) La contribución de la Iglesia
"…Lo que hace falta no es un Estado que regale y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiariedad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio. La Iglesia es una de estas fuerzas vivas: en ella late el dinamismo del amor suscitado por el espíritu de Cristo".

7. Durante el Concilio Plenario de Venezuela, fruto de la reflexión de Obispos, Sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y laicas, con el objetivo de contribuir a hacer realidad en nuestra Patria y nuestra historia la civilización del amor, se produjo un documento que hoy nos sirve como punto de referencia: La contribución de la Iglesia en la gestación de una nueva sociedad. En él se invita a la Iglesia en Venezuela a asumir con renovado entusiasmo y decisión el reto de contribuir a la gestación de una nueva sociedad, más justa, más solidaria, más fraterna y más cristiana. Por tanto, hoy más que nunca, el compromiso de cada miembro de la Iglesia debe ir por esta senda, y el aporte que se dé se hace desde la misión propia de la Iglesia. Esa nueva sociedad, cuyo anhelo hunde sus raíces en la esperanza cristiana, surgirá sólo como resultado del esfuerzo comunitario y armónico realizado en los ámbitos social, cultural, económico y político por todos los hombres y mujeres que habitamos en Venezuela, y exigirá el aporte que los católicos hagamos en la línea de la Nueva Evangelización.

CONCILIO PLENARIO DE VENEZUELA , La contribución de la Iglesia en la gestación de una nueva sociedad , n. 1. Ibidem n. 2.

En la Iglesia late el dinamismo del amor suscitado por el Espíritu de Cristo
8. La contribución a la civilización del amor parte de una perspectiva fundamental: El amor al prójimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es para toda la comunidad eclesial. Por otra parte, el amor conlleva la justicia que también debe ser elemento constitutivo de cualquier modelo de convivencia social. El Estado debe garantizar la justicia. La justicia es el objeto y, por tanto, también la medida intrínseca de toda política. La política es más que una simple técnica para determinar los ordenamientos públicos: su origen y su meta están precisamente en la justicia, y ésta es de naturaleza ética.

9. Una nueva sociedad donde brille la justicia debe tener en consideración el amor. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre… El Estado que quiere proveer a todo, que absorbe todo en sí mismo, se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar lo más esencial que el hombre afligido –cualquier ser humano- necesita: una entrañable atención personal. Lo que hace falta no es un Estado que regale y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiariedad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio. La Iglesia es una de estas fuerzas vivas: en ella late el dinamismo del amor suscitado por el espíritu de Cristo.

BENEDICTO XVI, Deus Caritas est , n. 20 Ibidem n. 28. Ibidem

10. Cuando la Iglesia ofrece su palabra y enseñanza lo hace desde el cumplimiento del mandamiento del amor fraterno (cf. Jn 13,35) y porque está urgida a renovar la unión con Dios y a volcarse con la fuerza del amor a una intensa y eficaz acción transformadora de la sociedad, saliendo de círculos cerrados. Al hacerlo, además de cumplir con la misión evangelizadora, está contribuyendo a la edificación del Reino de Dios en nuestra nación.

El diseño de un modelo propio venezolano será posible si se logra superar la polarización que enceguece y los extremismos en las formulaciones teóricas o prácticas de los modelos sociales y políticos

11. La polarización política existente en la sociedad venezolana puede hacernos caer en la tentación de escoger entre modelos extremos, individualismo o colectivismo, sin caer en la cuenta que ambos se inspiran en humanismos cerrados a toda perspectiva trascendente. Juan Pablo II lo advertía de manera muy clara: el afán de ganancia exclusiva por una parte; y, por otra, la sed de poder, con el propósito de imponer a los demás la propia voluntad. A cada una de estas actitudes podría añadirse, para caracterizarlas aún mejor, la expresión: “a cualquier precio”. En otras palabras, nos hallamos ante la absolutización de actitudes humanas, con todas sus posibles consecuencias. El diseño de un modelo propio venezolano será posible si se logra superar la polarización que enceguece y los extremismos en las formulaciones teóricas o prácticas de los modelos sociales y políticos para ponernos en condiciones de tener en cuenta el logro del bien común, la solidaridad, la promoción de la participación ciudadana, la organización social, el compromiso de todos y la formación socio-política.

12. En el actual momento histórico del país, lograr avanzar de verdad hacia una nueva sociedad, justa, fraterna y de paz, requiere un cambio de mentalidad, una profunda conversión: un cambio en las actitudes espirituales que definan las relaciones de cada hombre consigo mismo, con el prójimo, con las comunidades humanas, incluso las más lejanas y con la naturaleza; y ello en función de unos valores superiores, como el bien común, o el pleno desarrollo “de todo el hombre y de todos los hombres”, según la feliz expresión de la Encíclica Populorum Progressio.

La contribución…., n 80. Puebla 546. JUAN PABLO II , Sollicitudo Rei Sociales, n. 37. Cf. La contribución…, n.117. Sollicitudo…, n. 38.

C) Centro y Fundamento
La incesante creatividad popular
13. La persona humana es el centro y fundamento de todo quehacer social, cultural, económico y político. La dignidad de la persona humana tiene su raíz en el hecho maravilloso de ser creada a imagen y semejanza de Dios, transformada en hija de Dios, gracias a la Pascua Redentora de Jesucristo (cf. Jn.1,12). El principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social.

14. Los venezolanos, como seres humanos que somos, estamos llamados desde lo más profundo de cada uno de nosotros a pertenecer al tejido social, a ser miembros activos y conscientes de la sociedad civil, del pueblo organizado que tiene en sus manos las decisiones sobre el destino del país. En ese ejercicio constante y responsable de su libertad manifiesta su relación con Dios y la fuerza del amor presente en él. La relación con Dios y el hombre se refleja en la dimensión relacional y social de la naturaleza humana. El hombre, en efecto, no es un ser solitario, ya que “por su íntima naturaleza, es un ser social, y no puede vivir ni desplegar sus cualidades, sin relacionarse con los demás”. A este respecto resulta significativo el hecho de que Dios haya creado al ser humano como hombre y mujer (cf. Gn 1,27)

15. La persona humana es unidad de cuerpo y alma. Mediante su corporeidad, el hombre unifica a sí mismo los elementos del mundo material… Por su espiritualidad supera la totalidad de las cosas y penetra en la estructura más profunda de la realidad. Así, el ser humano está vinculado al mundo material donde vive, pero también está abierto a la trascendencia, es decir, a Dios . El proyecto social y político que soñamos para Venezuela incluye esta realidad fundamental. Además, como la persona humana es única e irrepetible, con una libertad que siempre es, en el fondo, expresión de su comunión con Dios y los demás, reconoce y respeta sus derechos irrenunciables e inalienables, cuyo núcleo fundamental es el derecho a la Vida plena realizada en el amor y en condiciones que la hagan feliz para todos.

16. En el propósito de edificar una nueva sociedad en la Venezuela del siglo XXI que parte del respeto de la dignidad de la persona humana se reconoce al mismo tiempo la sociabilidad humana. La naturaleza del hombre se manifiesta, en efecto, como naturaleza de un ser que responde a sus propias necesidades sobre la base de una subjetividad relacional, es decir, como un ser libre y responsable, que reconoce la necesidad de integrarse y de colaborar con sus semejantes y que es capaz de estar en comunión con ellos en el orden del conocimiento y del amor. Desde esta perspectiva, se entiende que la vida comunitaria es una característica natural que distingue al hombre del resto de las criaturas terrenas. Además, esa sociabilidad no es uniforme, sino que tiene diversas y plurales expresiones. En esta línea se aprecia el fenómeno de la socialización, es decir, el surgimiento de grupos, asociaciones e instituciones de la sociedad civil para diversos fines. La riqueza humana de la vida social y política en libertad y democracia se manifiesta precisamente en la multiforme variedad de organizaciones surgidas de la diversidad cultural propia de las sociedades complejas como la nuestra, y de la incesante creatividad popular en la búsqueda de respuestas adecuadas a sus distintas situaciones en los distintos aspectos de la vida pública.

17. Una sociedad más justa y humana, como la que queremos para Venezuela, se inspira también en el principio de subsidiariedad el cual exige que las personas, las familias y las comunidades pequeñas o menores, conserven su capacidad de acción ordenándola al bien común, y que el Estado y las diversas ramas de éste, realicen sólo lo que aquellas no están en capacidad de ejecutar. De este modo se obtiene el auténtico protagonismo popular en la vida pública caracterizada por la participación activa y variada de todos los miembros de la sociedad en ejercicio de su conciencia ciudadana.

Gaudium et Spes n. 25. COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA , n 110. Ibidem, n. 128. Cf. Ibidem n.129. Ibidem, n. 149. Ibidem. La contribución…, n. 95. La contribución… n. 106.

D) La opción preferencial por los pobres
Llamados a lograr la superación de la pobreza
18. A modo de garantía en su contribución a la gestación de una nueva sociedad, la Iglesia asume e invita a la opción preferencial por los pobres. Lo hace porque actúa en nombre de Jesús, quien se hizo pobre para enriquecer a la humanidad con su salvación, y se identificó con los hombres, haciéndose uno de ellos, solidario con ellos, y asumiendo la situación en que se encuentran, en su nacimiento, en su vida y, sobre todo, en su pasión y muerte donde llegó a la máxima expresión de la pobreza. En esta línea, la misma Iglesia procura vivir el espíritu de las bienaventuranzas que señalan que ser pobre de espíritu es condición para alcanzar el reino de Dios (cf. Mt. 5,3). Además, en fidelidad a su misión evangelizadora, hace suyas las palabras de Isaías con las que Jesús se identificó: El Espíritu del señor me ha ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres (Lc. 4,18; cf. Is. 61,1-2).

19. La Iglesia es consciente de que la pobreza como carencia de los bienes de este mundo es, en cuanto tal, un mal. Los profetas la denuncian como contraria a la voluntad del Señor y las más de las veces como el fruto de la injusticia y del pecado de los hombres. A su vez, en una sociedad en la que siguen existiendo pobres, muchos de ellos en situaciones extremas y donde lamentablemente aún no se ha superado la brecha existente entre los que más tienen y los que menos poseen, con todos los miembros de la Iglesia , sin excepción, estamos llamados a participar en los justos esfuerzos para lograr la superación de la pobreza

20. Para ello, la Iglesia tiene una premisa, una palabra y un compromiso:

• Desde el reconocimiento de Jesucristo como el único Mesías, tiene como premisa que son los pobres los protagonistas de su promoción y de la superación de su misma situación. Ninguna persona, líder social, organización política, asociación religiosa, doctrina o modelo teórico, tiene el derecho de sustituir al pobre como sujeto de su propia liberación ni actuar en su nombre.

• La palabra evangelizadora en algunas ocasiones debe revestirse de denuncia profética, pero también es una continua invitación a todos para que, unidos, podamos vencer la pobreza. Más aún,

• Un compromiso: Desde la opción preferencial por los pobres, ejercer un influjo de transformación hacia un sistema económico más justo, más solidario y más propio al desarrollo integral de todos y cada uno de los habitantes de Venezuela.

21. Identificada con Jesús, el Mesías que vivió pobre entre los pobres, la Iglesia está llamada a vivir e interpretar el devenir histórico desde la situación y perspectiva de los pobres y excluidos. De hecho, son muchos los miembros e instituciones de la Iglesia Católica empeñados a conformarse a esta forma de vivir en fidelidad al Señor.

22. Con la Pastoral Social y otras acciones en el campo de la Promoción Humana , la Iglesia coopera mostrando su solidaridad, promoviendo la formación del sujeto de este proceso de liberación en todas sus dimensiones y acompañando cercanamente a los pobres en sus proyectos y acciones tendentes a su desarrollo auténtico e integral. De igual manera, pidiendo a todos, en particular a los que más tienen, que practiquen la solidaridad, pero con la conciencia de la caridad de Cristo que nos urge a todos. Asimismo, convocando a que se pueda desarrollar en nuestro país una verdadera economía solidaridad que posibilite a todos la participación en los bienes de la creación. Sin esta solidaridad real en el terreno cotidiano de las relaciones económicas y sociales, no se podrá avanzar en el camino de la superación de la pobreza.

23. Para los creyentes en Cristo, el seguimiento de Jesús como discípulos suyos, conlleva esa opción preferencial por los pobres, que no es exclusiva ni excluyente. Es una exigencia concreta del mandamiento del amor: Opción que debe manifestarse como conocimiento objetivo, analítico y pastoral de la realidad de la pobreza que existe en el país; como vivencia de la auténtica pobreza evangélica predicada y vivida por Jesús; como forma de solidaridad con los pobres.

24. La opción preferencial por los pobres tiene como objetivo el anuncio de Cristo Salvador que los iluminará sobre su dignidad, los ayudará con sus esfuerzos de liberación de todas sus carencias y los llevará a la comunión con el Padre y los hermanos, mediante la vivencia de la pobreza evangélica. Esto mismo nos tiene que llevar a luchar contra todo tipo de materialismo, consumismo y relativismo ético que generan o agudizan la pobreza.

25. A la vez, esa opción preferencial por los pobres se convierte en Venezuela en una llamada a abrir nuevos horizontes de esperanza . De allí que la Iglesia, con cada uno de sus miembros, dé testimonio de pobreza evangélica en actitud de servicio y libre de ataduras temporales, de convivencias y de prestigios ambiguo, que “libre de espíritu respecto a los vínculos de la riqueza”, sea más transparente y fuerte su misión de servicio; que esté presente en la vida y en las tareas temporales, reflejando la luz de Cristo, presente en la construcción del mundo. Así, tendrá libertad de espíritu para convocar a todos, para caminar junto con el pobre por sus sendas y para cumplir las obras de misericordia que anuncia Jesús en el Evangelio (cf. Mt. 25,31ss.).

Puebla 1141. MEDELLÍN, Pobreza, 4. La contribución… Desafío 2. Cf. SANTO DOMINGO 178. La Contribución …., n. 85. Puebla 1153. Cf. Puebla 1165. MEDELLÍN, Pobreza, 18.

E) El hombre nuevo
26. En los diversos planteamientos acerca del “socialismo del siglo XXI”, se ha venido insistiendo en la urgencia de hacer realidad en todos los ciudadanos la imagen de un “hombre nuevo”. Con ello, se quiere indicar, ciertamente, la necesidad del cambio de conducta moral que ha de distinguir a todo ciudadano. Se presenta esta imagen como si fuera original de algunos pensadores marxistas o psicólogos modernos. Sin embargo, es preciso aclarar y enfatizar que el origen primero de esta expresión se encuentra en la Biblia , Palabra de Vida para la humanidad.

Jesucristo es el hombre nuevo
27. La imagen bíblica del Hombre Nuevo sintetiza lo que se pretende con la gestación de una nueva sociedad. Gracias a su Pascua Redentora, Jesús le abrió a la humanidad las puertas para que transitara por la novedad de vida (cf. Rom.6,4); así, derribando cualquier muro de división existente en la humanidad, el Señor creó al Hombre Nuevo (cf. Efes. 2,14ss). De hecho, el Hombre Nuevo no es fruto de acciones sociales, económicas, culturales o políticas. Aunque ellas deben contribuir para ello, el Hombre Nuevo es más bien el fruto de la liberación realizada por Jesucristo, quien vino para eso: para hacernos libres de la esclavitud del pecado (cf. Gal. 5,1).

28. Desde el compromiso por la evangelización, la Iglesia propone “un verdadero humanismo integral” que proclama, como ya lo dijimos, la dignidad de la persona humana y se dedica a la causa de la paz, ayudando a los hermanos, especialmente a aquéllos que, además de sufrir privaciones y pobreza, carecen también de este precioso bien. Ese humanismo integral encuentra su luz en Cristo.

29. Toda propuesta de renovación de la sociedad venezolana en el siglo XXI ha de tener muy en cuenta el protagonismo de la persona humana y además hacerle sentir que es constructora de su propio destino, para lo que debe tener conciencia que se es hermano del otro y de la necesidad de participar activamente, según sus propias capacidades, en la creación de una sociedad cada vez más justa, libre y fraterna. Esto exige que no se excluya a nadie; pero, a la vez, que no se den personalismos o sectarismos grupales que obstaculicen el auténtico desarrollo humano y social.

30. ¿Cómo definir de manera actual al Hombre Nuevo? El Documento de Puebla lo hace indicando que posee una sana conciencia moral, sentido evangélico crítico frente a la realidad, espíritu comunitario y compromiso social. Al tener una sociedad de Hombres Nuevos se hará posible una participación libre y responsable, en comunión fraterna y dialogante para la construcción de una nueva sociedad verdaderamente humana y penetrada de valores evangélicos. Por su parte, esa nueva sociedad ha de ser modelada en la comunidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y debe ser respuesta a los sufrimientos y aspiraciones de nuestros pueblos, llenos de esperanza que no podrá ser defraudada.

31. Para ser fiel a su compromiso evangelizador, la Iglesia busca mantener o contagiar en la sociedad venezolana la fuerza viva de la Nueva Creación realizada en Jesucristo (cf. Gal. 6,15). La fe viva, iluminada por la Palabra de Dios, alimentada en la oración y la vida sacramental, se manifestará en todos los miembros de la Iglesia en una manera de vivir como discípulos de Jesús reconocidos por su caridad fraterna. En estos comienzos del siglo XXI se requiere más que nunca el decidido testimonio de vida de los creyentes, cuyo objetivo es hacer que todos puedan llegar a ser discípulos del Señor (cf. Mt 28,19). Nuestra tarea en la sociedad ha de estar caracterizada por la conciencia de ser discípulos de Jesús que, con entusiasmo apostólico, nos permitirá contagiar de la fuerza del Evangelio a nuestros hermanos y a nuestra sociedad.

BENEDICTO XVI, Mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz 2007. Puebla 1308. Ibidem Ibidem.

F) Un compromiso para todos
El mundo está hoy entre dos Papas
32. El Siervo de Dios Juan Pablo II nos invitó a una nueva evangelización. El Santo Padre Benedicto XVI, dirigiendo su mensaje a los Obispos de América Latina ha vuelto a insistir en ella: Ante todo ello, se ve la necesidad urgente de una nueva Evangelización, que nos impulse a profundizar en los valores de nuestra fe, para que sean savia y configuren la identidad de esos amados pueblos que un día recibieron la luz del Evangelio. Desde esta perspectiva, en nuestra Iglesia local de San Cristóbal queremos estar preparados y atentos para leer los signos de los tiempos. Estamos llamados a seguir encarnado el mensaje de Jesús en nuestra sociedad y llenarla con los principios y valores del Evangelio. Por eso, en esta coyuntura en la que vivimos y en la que se nos presenta un proyecto socio-político, “el Socialismo del siglo XXI”, todos los católicos hemos de estar dispuestos a aportar lo que es propio de la Iglesia y desde la perspectiva de un compromiso liberador con los hermanos, lo cual supone la práctica del mandamiento del amor con la solidaridad, la fraternidad, la justicia y la paz.

33. No podemos ser indiferentes: la discusión de ideas, el diálogo constructor, la participación en el diseño de una nueva sociedad no pueden ser ajenos a nosotros. Cada uno de los católicos y personas de buena voluntad tenemos mucho que aportar. No hacerlo puede ser una expresión de conformismo, aislamiento o miedo frente a los grandes retos que se nos presentan. Para facilitar todo esto, se propone la presente Carta Pastoral: en cada parroquia y comunidad, los párrocos con sus Consejos pastorales parroquiales y cooperadores más cercanos abran momentos de reflexión acerca de lo aquí tratado y, además, promuevan cursos o talleres de formación en el área de la Doctrina Social de la Iglesia. Dedicaremos la Cuaresma para ir dando a conocer el mensaje de esta Carta y de la Iglesia , así como para promover la discusión y diálogo que aporte desde la vivencia de nuestra pertenencia a la Iglesia todo aquello que nos permita participar en la construcción de un modelo justo, humano y que tenga en cuenta los valores del Evangelio, la importancia de la persona humana y su dignidad y la centralidad de Dios.

34. Somos discípulos de Jesús: a Él es a quien tenemos que manifestarle nuestra fidelidad. Es un tiempo de compromiso evangelizador. A través de nuestro II Sínodo estamos dando los pasos para hacer realidad la nueva evangelización en el Táchira y desde acá para toda Venezuela y el mundo. Hoy, pues, se requiere que cada uno de nosotros asuma su tarea de ser discípulo y testigo del Señor Jesús quien vino a dar la salvación de todos los hombres y mujeres. El verdadero discípulo crece y madura en la familia, en la comunidad parroquial y diocesana; se convierte en misionero cuando anuncia la persona de Cristo y su Evangelio en todos los ambientes: la escuela, la economía, la cultura, la política y los medios de comunicación social. De modo especial, los frecuentes fenómenos de explotación e injusticia, de corrupción y violencia, son una llamada apremiante para que los cristianos vivan con coherencia su fe y se esfuercen por recibir una sólida formación doctrinal y espiritual, contribuyendo así a la construcción de una sociedad más justa, más humana y cristiana .

BENEDICTO XVI, Discurso a los participantes en la Plenaria de la Comisión para América Latina, 20 de enero 2007. Ibidem

35. Con nuestro II Sínodo queremos renovarnos en espíritu y verdad. Ello conlleva el aceptar el gran desafío de construir el Reino y así cooperar en la gestación de una nueva sociedad, que se caracterice como civilización del amor. Esa civilización del amor supone que se haga realidad lo que en el libro de los Hechos aparece como una característica fundamental de los creyentes: vivían en unidad y nadie pasaba necesidad (cf. Hechos 2; 44,45). Es un deber importante alentar a los cristianos que, animados por su espíritu de fe y caridad, trabajan incansablemente para ofrecer nuevas oportunidades a quienes se encuentran en la pobreza o en las zonas periféricas más abandonadas, para que puedan ser protagonistas activos de su propio desarrollo, llevándoles un mensaje de fe, de esperanza y de solidaridad .

36. Frente a las dificultades, interrogantes y aspiraciones que se nos puedan presentar, la esperanza es la actitud con la que debemos responder. Esta no consiste en aguardar con conformismo que alguien venga a darnos soluciones a nuestros problemas. La esperanza es la fuerza que Dios ha puesto en cada uno de nosotros para crecer en plenitud y construir nuestro destino, según los criterios del Evangelio. Por eso, los creyentes en Cristo, ayudados por su gracia, no nos replegamos ni huimos ante las dificultades, sino que aportamos desde lo propiamente nuestro para que la nueva sociedad esté regida por los criterios del amor y tenga como protagonista al Hombre Nuevo.

Ibidem

Catedral de la Diócesis de San Cristóbal
37. La Iglesia en el Táchira quiere ser promotora de esperanza para todos los hombres y mujeres de la región y del país. Por eso mismo, quiere permanecer fiel a Jesús y manifestar esa fidelidad con el testimonio y compromiso de los católicos. Desde esta perspectiva, sin claudicar ni renunciar a lo que le es propio, asume la llamada de Dios a seguir evangelizando: así, no sólo proclamará la Buena Noticia de Salvación de Jesucristo, sino que se seguirá encarnando en la sociedad tachirense para animar todo lo referente a la promoción humana, al desarrollo auténtico de todos los hombres y de todo el hombre, sin dejar de ser voz profética que denuncie todo aquello que vaya contra la dignidad del ser humano, imagen y semejanza de Dios.

38. En María del Táchira, Nuestra Señora de la Consolación , heredera de la esperanza de los justos, y primera discípula de Jesús, encontramos un modelo especialísimo de vida. Al decirle su “sí” al designio de amor de Dios (cf. Lc.1,38), nos enseña cómo debemos actuar: con una gran confianza en el mismo Dios que manifestó su misericordia de generación en generación. Que Ella, con su maternal protección, nos acompañe en la tarea que tenemos como Iglesia en el Táchira y Venezuela.

Con mi cariñosa bendición,
Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal


San Cristóbal, Enero del año 2007, Festividad de la Conversión de San Pablo.
Tomado de http://diariocatolico.com.ve/carta.htm



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