Celebran nacionalización de SIDOR  

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Trabajadores de la Siderúrgica del Orinoco (Sidor) se han reunido para celebrar la nacionalización de la industria, anunciada este miércoles por el Vicepresidente Ramón Carrizález. En el video adjunto, representantes sindicales declararon para el canal Venezolana de Televisión declarando que nunca perdieron la esperanza de que el gobierno bolivariano y obrerista asumiera la nacionalización de la empresa, que fue privatizada en 1997 durante el gobierno de Rafael Caldera.


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    "Como trabajadores, nos comprometemos a asumir las responsabilidades de poner a producir esta empresa en sus estándares máximos, con una calidad competitiva y de una forma humanizada, que es lo que los trabajadores hemos venido reclamando", explicó uno de los trabajadores consultados por el canal del Estado, mientras otros trabajadores gritaban consignas como "¡así, así es que se gobierna!".

    "Por fin se hizo justicia social y salimos de esta transnacional, que lo que hacía era enriquecerse a ellos mismos y llevarse el dinero al extranjero. Chávez, ¡hiciste justicia social y Dios te lo va a pagar!", dijo Antonio Ortega, delegado sindical con 24 años en la planta.

    Más temprano, el presidente del Sindicato de Sidor, José Rodríguez, expresó a través de ANTV que "en Guayana estamos de júbilo, estamos de fiesta, porque han culminado los diez años de esclavitud a los que fuimos sometidos por los empresarios de Sidor”.

    “Fue a la una y veintidós de la mañana cuando el presidente Chávez, llamó al Vicepresidente Ejecutivo, Ramón Carrizalez, para decirle que en nombre de la República Bolivariana de Venezuela, en nombre del Ejecutivo Nacional, la empresa Sidor pasa a manos venezolanas”, comentó Rodríguez. “Es una situación de júbilo-prosiguió-esta decisión del presidente Chávez, porque nos estamos liberando del yugo del capitalismo salvaje y neoliberal”, expresó emocionado.

    José Meléndez, otro miembro del sindicato Sutiss, también expreso su júbilo a través de un contacto telefónico con el programa En Confianza, que transmite Venezolana de Televisión, como puede verse en este otro reporte.

    Nacionalización, otro paso en la lucha obrera

    La nacionalización es el paso más reciente en años de lucha de parte de los trabajadores sindicales, quienes desde hace años piden al Ejecutivo que retome la empresa, tras denuncias sobre las condiciones laborares que mantiene la transnacional Techint, de origen italiano-argentino.

    Desde hace 15 meses, los obreros discutían con la empresa el contrato colectivo, al cual no se había llegado a ningún acuerdo. Los trabajadores pedían, entre otras cosas, que 9 mil trabajadores tercerizados pasaran a nómina fija; sólo 4 mil de los 15 mil trabajadores de la industria estaban en esa situación. Además, pedían que los trabajadores jubilados ganaran salario mínimo (hoy sólo ganan entre Bs.F. 200 a 300), solicitaban un aumento salarial, incremento de las prestaciones y utilidades. Además, denuncian que 18 trabajadores han muerto durante sus trabajos, por falta de seguridad en el mismo.

    La discusión llegó a su clímax el pasado 12 de marzo, cuando los trabajadores iniciaron una huelga de 48 horas y fueron reprimidos por la Guardia Nacional mientras manifestaban. No fue sino hasta el pasado sábado 5 de abril que trabajadores lograron reunirse con el ministro del Despacho de la Presidencia, Jesse Chacón, y de allí el Presidente Chávez ordenó este domingo que el Vicepresidente Carrizález entrara en las discusiones entre obreros y empresa. Igualmente, ordenó al gobernador de Bolívar y a la Comandancia de la Guardia Nacional tener más cuidado al tratar con los trabajadores.

    La nacionalización fue anunciada esta madrugada por el Vicepresidente Carrizález.

    Vía: http://www.radiomundial.com.ve/yvke/noticia.php?4778


Lenin y la revolución permanente contra el Estado  

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Los autores de documento que presentamos a continuación afirman que el pensamiento de Lenin "Hoy en día, ha sido reducido, o bien a una serie de verdades reveladas que en conjunto delimitan la fidelidad doctrinaria con respecto al llamado marxismo-leninismo,
o a un cúmulo de antiquísimas ideas que describen aspiraciones utópicas y preanuncian horrores totalitarios vividos durante el siglo pasado.

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¿Qué es la ideología? Reflexiones sobre el Socialismo del siglo XXI  

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La ideología es un sistema de ideas o conceptos donde un partido político o fuerza social da expresión a su concepción del mundo. Esa concepción del mundo debería incluir en la actualidad dos partes: por un lado, la concepción del mundo existente o capitalista, y por otro lado, la concepción del mundo futuro o socialista. Muchas veces se falla en una errónea concepción del capitalismo. Se está más pendiente de indicar sus males que de representar científicamente la ley de su desarrollo. Pero Marx lo que hizo fue lo segundo. No me canso de señalar que para conquistar el socialismo avanzado es necesario conocer muy a fondo el capitalismo. La voluntad no es suficiente. Tampoco la ilusión. Lo fundamental y decisivo es el conocimiento, tanto el práctico como el teórico. De ahí que no se pueda despreciar ni dejar de lado con dos palabras la experiencia del socialismo soviético o del socialismo chino. Muchos de los promotores del socialismo del siglo XXI creen que van a crear un socialismo superior sólo con la voluntad de que así lo pretenden. Pero hay que ser más humildes, reconocer las limitaciones, y aprender de las experiencias ajenas.

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    Para algunos pueblos, como el cubano o el chino, el mundo futuro, el mundo socialista, es también un mundo existente. Pero hoy día todas las economías del mundo, incluidas las economías de las sociedades socialistas, son mixtas, esto es, se componen de una parte privada y de una parte pública. De ahí que todas las economías deban concebirse como economías de transición y en todas esté presente la contradicción entre capitalismo y socialismo. Y lo que es más notable y no deberíamos perder de vista: la contradicción entre capitalismo y socialismo, sobre todo en los países más avanzados, también se refleja en el seno de la propia burguesía. Este reflejo es tan notable que tiene su manifestación partidista, como es el caso de España o de Francia, donde hay un partido de la burguesía que se denomina socialista. Todos estos hechos son importantes destacarlos puesto que ponen de manifiesto que la contradicción principal en el mundo actual es la existente entre capitalismo y socialismo.

    La ideología, además de ser una concepción del mundo, es también un sistema de juicios y argumentos donde un partido político o fuerza social da expresión a sus posiciones ante los diversos y múltiples problemas del mundo. De ahí que la ideología sea algo en continua elaboración y corrección. Sucede en ocasiones que se elaboran ideologías por parte de partidos de izquierda sin que respondan o tomen posiciones sobre cuestiones cruciales, como pueden ser, por ejemplo, las siguientes: ¿Puede haber un mercado socialista? ¿Es el plan un rasgo sustancial del socialismo? ¿Debe una sociedad socialista permitir que la burguesía tenga un partido propio y representación en el parlamento? ¿Debe el socialismo promover una mayor libertad de pensamiento y opinión? Si la ideología de un partido de la izquierda radical no toma posturas claras con respecto a estas cuestiones, entonces dicha ideología carecerá de actualidad y, por consiguiente, de factualidad.

    Las cuestiones antes planteadas como básicas en el programa ideológico de un partido socialista les he dado respuesta en un trabajo titulado Principios de la izquierda radical. Por supuesto que no está todo dicho, porque sobre todo nunca está todo dicho, pero al menos están dichas algunas cuestiones principales. De ahí que en el trabajo que presento hoy al lector aborde otros temas de la ideología que también son muy importantes y decisivos: 1) Ideología y libertad de pensamiento, 2) Ideología y verdad, 3) La ideología como conjunto de principios, 4) La ideología como dogma y atadura, 5) El hombre como ser social, y 6) Intereses individuales e intereses comunes. Tal vez de todas ellas las reflexiones más importantes para un militante socialista sean las dos últimas: son llamadas a la libertad del individuo frente a la coerción colectiva y a la no enajenación del interés individual por el interés colectivo. El socialismo no puede ser concebido como la primacía de lo colectivo frente a lo individual, puesto que el interés colectivo no es más que el desarrollo del interés individual. Y sólo con un alto desarrollo de la individualidad se aseguran los intereses colectivos. Sobre este respecto, sobre la relación entre el interés individual y el interés general, hay mucha confusión en el seno de las filas de la izquierda. Pero basta fijarse en Fidel Castro y Hugo Chávez, por ponerles dos ejemplos muy cercanos, que son personas con un altísimo desarrollo de su individualidad, para comprender que el desarrollo de la individualidad no menoscaba el interés general de una clase social ni el cumplimiento se su tarea histórica.

    Son los burgueses y sus representantes teóricos quienes presentan los intereses colectivos como medios para menoscabar los intereses individuales, y por reacción los representantes teóricos de los trabajadores han presentado los intereses individuales como medios para menoscabar los intereses colectivos. Pero nada de eso es cierto. Se confunde el desarrollo de la individualidad con el individualismo. Se ignora que en ocasiones personas con muy poco desarrollo individual sólo son capaces de pensar en sí mismos, mientras que personas con un gran desarrollo de su individualidad y una gran conciencia de sus intereses individuales son los más capaces de representar y desarrollar los intereses colectivos.

    Ideología y libertad de pensamiento

    Uno de los aspectos más admirables del partido bolchevique que lideró Ilích Ulianov fue la gran libertad de pensamiento que existía en sus congresos y en sus órganos de expresión. De ahí el alto nivel teórico que se daba en sus cuadros y principales dirigentes. Desgraciadamente esa libertad de pensamiento ha desaparecido en buena parte en lo círculos marxistas, pero no tanto por las fuerzas que impiden la libertad de pensamiento, sino por el miedo que tienen muchos marxistas a equivocarse y a incomodar a los grandes líderes. No se puede hablar con miedo a ser tildados de burgués, pequeño burgués o reaccionario. Hay que abandonar el método de las etiquetas de clase, que tanto se practicó en las filas de los partidos comunistas y que tanto daño e injusticias provocó. Todo el mundo debe decir lo que siente y lo que piensa. Y lo que no vea claro, aunque lo diga Chávez, Fidel Castro o el más ilustrado de los marxistas, debe decir que no lo ve claro.

    El fortalecimiento teórico de un partido político es directamente proporcional a la libertad de pensamiento que se dé en ese partido. Aunque un militante de un partido de izquierda defienda una concepción burguesa del mundo, siempre se le debe permitir que piense y se exprese con total libertad. Nada de eso es perjudicial para la ideología socialista, todo lo contrario: la beneficia y la fortalece. Puesto que es más importante tener un militante de izquierda con un alto nivel teórico, aunque esté escorado hacia la derecha, que otro muy fiel a los dirigentes pero incapaz de pensar por sí mismo los problemas más elementales. Esto hay que decírselo muy alto y muy claro a todos los militantes de izquierda: “Di siempre lo que piensas y sientas. Di “no” cuantas veces tengas que decirlo. No tengas miedo a equivocarte y al error. Lo fundamental es que te sientas libre y pienses en libertad”.

    Ideología y verdad

    La verdad no es una cuestión de pertenencia de clase o de adscripción ideológica. El hecho de que una persona sea marxista, representante de los trabajadores o revolucionario, no le asegura que la verdad esté de su parte. La verdad es una cuestión de conocimiento; y quien más sepa, dirá más verdades que quien sepa menos. Pero la izquierda radical y todas las fuerzas de vanguardia que luchan por el socialismo necesitan de las verdades de la ciencia, necesitan de verdades económicas, de verdades sociológicas y de verdades políticas. Y esas verdades muchas veces vienen desde las filas de la burguesía. Ser revolucionario no puede implicar volverse sordo a las palabras de los representantes teóricos de la burguesía. Todo lo contrario: ser revolucionario significa tener los oídos muy abiertos a todas las ideas que se producen en el mundo, vengan de donde vengan. Y los revolucionarios deben quedarse, no con aquellas ideas que provienen de los marxistas o de los revolucionarios, sino con aquellas que contengan mayor grado de verdad y de certeza.

    La ideología como conjunto de principios

    Tener ideología significa tener principios o guiarse por principios. Para la persona con ideología todo no vale ni todo está permitido. Sin embargo, para algunos políticos que sólo buscan obtener un puesto en el Estado la ideología es un estorbo, porque determina de antemano ciertas reglamentaciones y conductas. Defienden el pragmatismo: lo que es útil en cada caso. Estas personas no son fiables, no podemos dejar el destino de un país en sus manos, porque no siempre “lo más útil” es lo más útil para todos. Tampoco lo más útil a corto plazo es lo más útil a largo plazo. Los pragmáticos suelen pensar en intereses particulares y no en intereses generales. Sólo se atienen a intereses generales las personas de principios. Y personas de principios las hay en las filas socialistas y en las filas capitalistas.

    La ideología como dogma y atadura


    Para algunas personas, sobre todo de la izquierda radical, las ideas son inamovibles. Ya se puede abrir el mundo bajo sus pies que ellos no cambian de ideas. Para este tipo de personas las ideas parecen preexistir a la realidad: son idealistas extremos, aunque lo ignoren. Cuando triunfó la revolución soviética se necesitaba mucho dinero para comprar maquinarias y alimentos. Pero el poder soviético no disponía de ese dinero. Tuvo que solicitar un crédito y le fue concedido por un financiero estadounidense. Los dogmáticos, como era de suponer, pusieron el grito en el cielo y se preguntaban cómo era posible que un Estado socialista se permitiera tal concesión, tal pérdida de principios. Si el partido bolchevique se hubiera plegado a las demandas de esos extremistas, el poder soviético se hubiera derrumbado en cuestión de meses.
    No se debe ser idealista. Sin dinero no hay avance industrial ni se pueden satisfacer las necesidades alimentarias de los trabajadores. Es cierto que por el dinero prestado hay que entregarle al prestamista una buena suma de dinero en concepto de interés, pero no hay otro remedio.

    Hay que decir siempre la verdad: el estado socialista soviético necesitaba del capital financiero internacional. No hay que mentir y decir que el capital financiero internacional estaba practicando el socialismo. No: el capital financiero internacional sólo quería que le devolvieran el dinero prestado incrementado con un interés. Pero no deja de ser cierto que gracias a ese préstamo el poder soviético pudo mejorar su industria y dinamizar así su maltrecha economía. Por lo tanto, hay que tener principios, pero nunca debemos permitir que esos principios se conviertan en una atadura que nos impida avanzar.

    El hombre como ser social

    Escuchemos a Marta Harnecker en el punto uno de su ponencia en el foro “La construcción del estado socialista desde la base del poder popular” en Venezuela, titulado Once ideas sobre el socialismo y el autogobierno del pueblo: “1) El punto de partida: el hombre como ser social. La concepción socialista de la sociedad no parte, como lo hace el capitalismo, del hombre como ser individual, del hombre aislado, separado de los demás, sino del hombre como ser social, del hombre que no puede desarrollarse a sí mismo si no se desarrolla con otros.

    No existe el ciudadano abstracto, como dice el filósofo francés, Henry Lefebvre: alguien que está por encima de todo, que no es rico ni pobre, ni viejo ni joven, ni macho ni hembra o lo es todo a la vez. Y como es “absolutamente libre, obedece sólo a normas morales de hermandad, igualdad y democracia”.

    Lo que existe son personas concretas que viven y dependen de otras personas, que se asocian y organizan de diferentes maneras con otras personas en comunidades y organizaciones en las cuales y por medio de las cuales realizan sus intereses, sus derechos y sus deberes”.

    El hombre como ser social no es un concepto sobre el socialismo ni un concepto que expresa lo que desean los socialistas. El hombre como ser social es una determinación del hombre en general. El hombre es un ser social en el esclavismo, en el feudalismo, en el capitalismo y en el socialismo. El esclavo es un ser social como lo es el esclavista, lo es el siervo como lo es el señor feudal, lo es el obrero asalariado como lo es el capitalista. Desde que nace hasta que muere el hombre existe por medio de otros: su lenguaje o su conciencia tiene un carácter social, pero también lo tienen su educación, trabajo y familia. No hay actividad humana que no sea social. Hasta Robinsón Crusoe abandonado en su isla demostraba con cada cosa que pensaba y hacía que era un ser social, porque todo su conocimiento teórico y práctico tenía un origen social. Por lo tanto, es erróneo presentar una determinación universal del hombre, la de que es un ser social, como un objetivo específico de los socialistas o un rasgo esencial de la sociedad socialista.

    También lo afirmado por Henry Lefebvre es un error. Marx lo dejó suficientemente claro en su trabajo titulado La cuestión judía. El hombre burgués, ya sea trabajador o capitalista, lleva una doble vida: como miembro de la comunidad política, donde es un hombre abstracto, y como miembro de la sociedad civil, donde es un hombre particular. En la sociedad civil un rico se distingue de un pobre y un religioso de un ateo, pero como miembros de la comunidad política el rico, el pobre, el religioso y el ateo valen lo mismo y tienen los mismos derechos. Esta conquista de la burguesía y que cristaliza en el Estado derecho evita que el Presidente del Gobierno y el más rico entre los ricos estén por encima de la ley.

    Pero escuchemos a Marx en el texto antes referido: “El Estado como Estado anula, por ejemplo, la propiedad privada, el hombre declara la propiedad privada como abolida de un modo político cuando suprime el censo de fortuna para el derecho de sufragio activo y pasivo, como se ha hecho ya en muchos Estados norteamericanos. Hamilton interpreta con toda exactitud este hecho, desde el punto de vista político, cuando dice: “La gran masa ha triunfado sobre los propietarios y la riqueza del dinero”. ¿Acaso no se suprime idealmente la propiedad privada, cuando el desposeído se convierte en legislador de los que poseen? El censo de fortuna es la última forma política de reconocimiento de la propiedad privada”.

    Surge una pregunta: ¿Esta doble vida que llevan las personas en la sociedad burguesa deben seguir llevándola en la sociedad socialista? Sin duda que sí. Hay ciertas conquistas de la burguesía que la sociedad socialista debe conservar y mejorar, y una de ellas es el Estado de derecho. En las sociedades socialistas muchos de los máximos dirigentes del Partido Comunista así como algunos altos funcionarios del Estado socialista actúan como si estuvieran por encima de la ley y cometen un sinfín de injusticias. En la sociedad socialista es fundamental que las personas que no sean comunistas y tengan una concepción burguesa del mundo puedan defenderse de los atropellos y abusos de los comunistas. Y para lograr este objetivo es necesario que todas las personas sean iguales ante la ley. Por lo tanto, en la sociedad socialista todas las personas seguirán llevando una doble vida: como miembros de la comunidad política, donde todas las personas deben de ser iguales, desde el secretario general del Partido Comunista hasta el mayor de los reaccionarios anticomunistas, y como miembros de las sociedad civil, donde cada persona es distinta a la otra por su profesión, sus ingresos económicas, su conciencia e ideología.

    Intereses individuales e intereses comunes

    Empecemos escuchando a Darío L. Machado Rodríguez, en la primera página de su trabajo Problemas del papel de la ideología en la transición socialista cubana: “Se necesita, por tanto, formar una cultura socialista que permita no solamente producir de un modo socialista sino vivir de un modo socialista. Esa cultura empieza a gestarse en forma embrionaria, potencial, dentro del propio sistema capitalista. Se expresa con diferentes intensidades y formas en las luchas populares, en la solidaridad entre los desposeídos, en los hábitos de organización y coordinación de acciones, en un aprendizaje que incluye la dejación de intereses particulares e individuales en función de objetivos comunes, en el desarrollo y apropiación de una ideología, de una cultura del cambio revolucionario. En el proceso de transición al socialismo esa ideología adquiere una importancia primordial debido a su papel en la concertación de los esfuerzos sociales ante las enormes tareas de la construcción, por lo que necesita ser impulsada, desarrollada, potenciada, multiplicada, extendida de un modo consciente, como componente inseparable de la opción socialista de construcción social”.

    No creo que sea correcto proponer que deba hacerse dejación de los intereses individuales en función de objetivos comunes. Después detallaré teóricamente por qué no estoy de acuerdo. Pero puedo adelantar, y de acuerdo con la experiencia soviética, que en muchas ocasiones el trabajador individual era extremadamente sacrificado en aras de intereses socialistas generales. Por ejemplo, para desarrollar la industria pesada o hacer grandes obras de infraestructura las necesidades básicas de los trabajadores soviéticos eran satisfechas muy por debajo de lo que eran satisfechas las necesidades de los trabajadores de la Europa occidental capitalista. Así que hay que mirar con lupa eso de que pertenece a la ideología socialista hacer dejación de los intereses individuales en aras de alcanzar objetivos comunes. Y tampoco es acertado hablar de hábitos de organización y coordinación de acciones como algo específico de los que luchan por el socialismo, cuando es una necesidad y práctica común a todas las clases, desde los esclavistas, pasando por los señores feudales y llegando a los modernos capitalistas.

    Escuchemos a Marx a este propósito en La ideología alemana, en la sección titulada El egoísta uno consigo mismo o teoría de la justificación: “¿Cómo explicarse que los intereses personales se desarrollen siempre, a despecho de las personas, hasta convertirse en intereses de clase, en intereses comunes, que adquieren su propia sustantividad frente a las personas individuales de que se trata y, así sustantivados, cobran la forma de intereses generales, enfrentándose como tales a los individuos reales y pudiendo, en esta contraposición, determinados ahora como intereses generales, aparecer ante la conciencia como intereses ideales, e incluso religiosos, sagrados?”

    Varias tesis debemos destacar en lo dicho aquí por Marx. Primera tesis: en todas las sociedades y para todas las clases los intereses individuales se desarrollan hasta convertirse en intereses comunes o de clases. Así que no se puede hacer pasar como un concepto socialista la primacía o importancia de los intereses comunes, puesto que donde hay clases, y estas las ha habido en el esclavismo, en el feudalismo y en el capitalismo, hay intereses comunes.

    Segunda tesis: los intereses comunes se sustantivan. Las organizaciones empresariales es uno de los modos en que los intereses comunes de los capitalistas se sustantivan, al igual que los sindicatos es uno de los modos de sustantivación de los intereses comunes de los trabajadores. Los partidos políticos y el propio Estado son otros modos de sustantivación de los intereses comunes.

    Tercera tesis: una vez que los intereses comunes se sustantivan, quedan enfrentados a los intereses individuales como intereses generales. No siempre coinciden los intereses generales que defienden las organizaciones empresariales con los intereses individuales de cada capitalista. Igual ocurre entre los intereses generales defendidos por los sindicatos y los intereses individuales de los trabajadores. Hay veces, y a esto hay que prestar mucha atención, que en aras de la defensa de los intereses generales de unas clases se sacrifica en exceso los intereses individuales de determinados sectores de esas clases. La clave aquí es considerar normal el conflicto entre los intereses individuales de los miembros de una clase y los intereses generales defendido por las organizaciones que representan los intereses comunes de aquellos.

    Cuarta tesis: los intereses generales de una clase, una vez sustantivados, se presentan ante la conciencia como intereses ideales e incluso religiosos. La religión idealiza al máximo los intereses, pero también los partidos comunistas han idealizado en exceso los intereses de los trabajadores. Esta idealización puede llegar al extremo de que los miembros de una clase puedan no verse reflejados en esa idealización de sus intereses comunes. Y este divorcio puede llevar a los miembros de una clase, por ejemplo, a los de la clase trabajadora, a buscar su reflejo en un partido burgués, como así ocurre en la mayoría de las sociedades capitalistas.

    Escuchemos por segunda vez a Marx en el mismo texto y en la misma sección: “Incluso bajo la absurda forma pequeñoburguesa alemana en que Sancho concibe la contradicción entre los intereses personales y los generales, tendría que ver, por lo demás, que los individuos, como no podía ser de otro modo, parten y han partido siempre de sí mismos, razón por la cual los dos lados que él pone de manifiesto son dos lados del desarrollo personal de los individuos, engendrados ambos por condiciones igualmente empíricas de vida de los individuos, y simples expresiones, ambos, del mismo desarrollo personal de los hombres y entre los que sólo media, por tanto, una aparente contraposición”.

    Aquí hay dos tesis muy importantes que destacar. Primera tesis: los intereses personales y los intereses generales son dos lados del desarrollo personal de los individuos. Ocurre en ocasiones que hay individuos que tienen sus intereses generales muy poco desarrollados. Esto ocurre tanto con individuos que pertenecen a la clase capitalista como con quienes pertenecen a la clase de los trabajadores. Esta falta de desarrollo de los intereses generales perjudica gravemente los intereses comunes de la clase en cuestión y la debilita. Pero también ocurre lo contrario: en ocasiones hay individuos que tienen muy poco desarrollados sus intereses individuales. Esta circunstancia se ha dado mucho en el socialismo. Las personas han tenido muy pocas oportunidades para desarrollar sus intereses individuales. Puesto que se tenía la idea, todavía se tiene, que quien defiende sus intereses individuales es un egoísta y un burgués. Pero esto es un tremendo error: es necesario que el individuo pueda desarrollar libremente tanto sus intereses individuales como sus intereses generales. Y a mayor desarrollo de los intereses individuales, mayor desarrollo tendrá sus intereses generales. Puesto que como muy bien advierte Marx, es una aparente contradicción la que existe entre los intereses individuales y los intereses generales de una misma persona.

    Segunda tesis: los individuos siempre han partido de sí mismos. Esta es una idea clave. Ha sido tradicional en la militancia de la extrema izquierda enajenar los intereses individuales por los intereses generales del partido. Pero de este modo los intereses individuales quedan truncados y los intereses generales no se presentan como el desarrollo de los intereses individuales hasta convertirse en intereses comunes. Esto genera un tipo de militantes frustrado y peligroso, puesto que al cabo de cierto tiempo termina pasándose a las filas de la burguesía y renegando por completo del marxismo.

    Es conveniente insistir en que todo el mundo parta de sí mismo, de sus propios intereses personales, y de forma natural y libre se desarrollarán sus intereses individuales y sus intereses generales. Si entendemos los intereses generales como aquellos intereses respecto a los cuales debemos sacrificar los intereses individuales, estamos concibiendo una sociedad socialista no libre, atada a los dictados de un partido, que sería el encargado de determinar cuáles son los intereses generales de los individuos que constituyen la clase a la que representan.

    Por: Francisco Umpiérrez Sánchez
    En Las Palmas de Gran Canaria. 18 de septiembre de 2007.


¿Existe acaso un Socialismo Plesbicitario?  

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Un día Stalin hizo comparecer al camarada Radek, que era bien conocido por su cinismo y dado a decir cosas que otros ni siquiera se atrevían a pensar. Stalin le dijo: “Me han informado camarada Radek, que te expresas de mi de un modo irónico. ¿Has olvidado que soy el líder del proletariado del mundo?” “Discúlpame camarada Stalin – replicó Radek - , ese chiste en particular no lo inventé yo”.

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    Estos chistes encierran las lecciones de las situaciones en las que el autoritarismo hace intolerables los principios jerárquico-militaristas, cuando anulan la vitalidad democrática del movimiento de movimientos del campo nacional-popular. El socialismo no será obra de un genio individual, aunque así lo crea subjetivamente el genio, sino que es producto de una creación heroica de una “voluntad colectiva” (Mariategui), fruto de una secuencia de acontecimientos de masa, de multitudes de singularidades revolucionarias, de cada proletario y proletaria que reviente las cadenas de la sumisión, como decía Rosa Luxemburgo. El tono cesarista, las imágenes piramidales, el fetichismo a la línea y cadena de mando, con toda la violencia de los símbolos sociales, reaparecen en el imaginario de la revolución, pasando velozmente de la profundización-radicalización de la democracia a la tesis de licuar el poder abajo para concentrarlo arriba (Ceresole dixit).

    Quienes suponen que solo basta proclamar un gobierno socialista y después introducir el socialismo con decretos o legislaciones se equivocan. En América Latina existe una errancia con relación a concebir el cambio social como un asunto legal. Tampoco el poder popular y la democracia de consejos se construyen de esta manera. Una revolución socialista es una obra colectiva, de una inteligencia general, de un intelectual colectivo, que escapa a la discrecionalidad de cualquier “líder fundamental”. Nadie duda de la necesidad de una dirección política recubierta de un amplio liderazgo intelectual y moral. Allí está el asunto. El problema es que se suponga que el esquema de liderazgo es un calco y copia de la conducción de una montonera en tiempos de revolución federal. Ya las arengas dejan de cumplir su eficaz cometido cuando se trata de proyectar y concretar algo cualitativamente distinto: se trata de la construcción del socialismo en el siglo XXI desde el pueblo, junto al pueblo, y para el pueblo; es decir, un socialismo radicalmente democrático. Convocar la alienación plesbicitaria encierra un peligro de fondo y forma reaccionario. Todos sabemos que la lógica plesbicitaria es ajena a la lógica democrática de un referendo popular, que presupone la deliberación informada y una calibración distinta de las pasiones. La alienación plesbicitaria encierra una debilidad de la madurez de la autonomía de la multitud como movimiento revolucionario. Una cosa es suponer que el principio estratégico es el poder constituyente, la soberanía popular, el táctico: la legalidad constitucional y el operacional, el rol del liderazgo. Pero otra cosa, es suponer que pasar a invertir esta ecuación: el operacional: el poder constituyente, el táctico: la legalidad constitucional y el estratégico, una suerte de culto-fascinación a la voz infalible del líder.

    Ya es conocida la sentencia de que las revoluciones se devoran a sus hijos como Saturno. Lo que no se ha dicho es que las revoluciones pueden degenerar y devorar a sus padres fundadores. No olvidemos el efecto Robespierre y la suerte de los jacobinos franceses. Una minoría, e incluso el Uno infalible, por más selecta o iluminado que sea, cuando anula o tutela la potencia de la iniciativa popular, pasando a sustituirla, le abre la puerta al terror termidoriano, que viene preparando su contraofensiva bajo la sombra de los errores de los genios esclarecidos.
    Por: Javier Biardeau R

Aportes de los enfoques contra-hegemónicos a la edificación del PSUV  

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Las tendencias políticas contemporáneas apuntan al agotamiento final de la democracia liberal-representativa y del modelo elitista que lo sustenta. La edificación de la forma/partido socialista debe partir de este hecho, y por tanto, sería contraproducente que siendo la revolución bolivariana la potencia que impulsa la democracia protagónica, participativa y revolucionaria, reproduzca una “lógica de mandatos representativos” en el interior de la forma/partido. Frente a esta hipótesis, es fundamental que la democracia socialista en el plano organizativo y de funcionamiento interno, sea esencial en el PSUV. Desde nuestro punto de vista, la democracia socialista es una democracia deliberativa, participativa y protagónica que lucha por el autogobierno popular, y por tanto una democracia contra-hegemónica.

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    El momento deliberativo de la democracia socialista implica la construcción de racionalidades contra-hegemónicas; esto es, racionalidades que apunta a una crítica teórico-práctica a la racionalidad que justifica, cosifica y naturaliza la división entre gobernantes y gobernados. Quién justifica, naturaliza y cosifica una mediación despótica, jerárquica, impositiva en las funciones de dirección intelectual, moral y política reproduce la lógica de la dominación simbólica y ético-cultural; y al naturalizar este proceso, se construye la gramática cultural de la “obligación a obedecer”. El autogobierno popular es una crítica radical de la “obligación a obedecer”.

    En una democracia socialista no estamos “obligados a obedecer”, sino que la potencia de las pasiones-argumentos de las singularidades revolucionarias, obligan a los “delegados revocables” a rendir cuentas y “mandar obedeciendo”. El propio Chávez, en este contexto, esta limitado en el ejercicio de su mandato, no solo por razones del derecho constitucional de extracción burguesa, sino que por razones de la edificación de una cultura democrática socialista tiene que “mandar obedeciendo”, no “mandar mandando”. Esta ruptura cultural genera “deflación de expectativas” en algunos dirigentes políticos que vienen acumulando privilegios con la fórmula “mandar mandando” y con los cargos que ostentan; como si fuesen rangos o títulos nobiliarios de las viejas corporaciones o de la maquinaria bélica-industrial.

    Una cultura democrática socialista reconoce la igualdad política de las singularidades revolucionarias, una igualdad en la diferencia, en la alteridad, en función de la justicia y la liberación social y cultural. Mientras los seguidores de la revolución francesa, que fue una revolución burguesa triunfante, cantan los estribillos de la libertad, la igualdad y la fraternidad de individuos, sin comprender los acentos ideológicos de estas consignas burguesas, la democracia socialista plantea las figuras de la justicia, la alteridad y la liberación de las singularidades. No nos bastan los derechos individuales, y mucho menos si legitiman la desigualdad en nombre de la igualdad ante la Ley, queremos afirmar los derechos de los sujetos revolucionarios, comenzando por los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, para pasar a los derechos a la diferencia, a la alteridad, a la liberación.

    No queremos una forma/partido que se conforme con las consignas de la revolución francesa, exigimos una forma/partido que reconozca la relevancia de las insurrecciones populares-subalternas, por ejemplo, de Tupac Amaru II o de las cumbes afroamericanas. No queremos una forma/partido que utiliza el “poder pastoral” (Foucault) para adoctrinar con pedagogías bancarias y conductistas a “masas sin conciencia revolucionaria”, exigimos una forma/partido capaz de poner en juego pedagogías críticas y liberadoras, que rompan con el fetichismo, con la cosificación y la naturalización de las lógicas de la explotación, la coerción y la hegemonía ideológica o ético-cultural.

    Exigimos una ruptura con la subcultura de aparato, con la imposición de líneas, o con maniobras de cúpulas/cogollos. Compartimos la necesidad de nuevas mediaciones político-estratégicas para llevar adelante el proceso de organización y transformación revolucionaria, pero no creemos suficiente una forma/partido calcada de los formatos moderno-coloniales de la política y de lo político. Una forma/partido alejada del poder constituyente, de los movimientos, redes y colectivos revolucionarios no se adecua a la democracia socialista.

    El “centralismo democrático” conduce a reproducir el elitismo de la democracia representativa burguesa, es una suerte de taylorismo político, de expropiación del poder de decisión, de anulación de capacidades y destrezas políticas colectivas, de la implicación en la deliberación-decisión política por parte de las multitudes. Los diseños organizativos deben ser flexibles y eficaces, vivimos tiempos de ruptura de paradigmas organizacionales, donde la invención, las redes de coordinación y estudio, pueden potenciar la innovación y el derecho a vivir la revolución también en el interior de la forma/partido.

    Una organización de redes-plataformas-movimientos que articulen los “frentes de lucha” como nodos de un sistema abierto, y que articulen los “frentes de lucha” a la modalidad de los consejos del poder popular. Articular los batallones territoriales a los frentes de lucha, y los frentes de lucha a los consejos del poder popular. De esta manera la forma/partido se dinamiza en el ambiente de las redes/plataformas/movimientos, generando sinergias entre una estructura de militantes y un complejo de colectivos de simpatizantes-aliados sociales.

    La clave de la propuesta es negarse a fetichizar la potestas o el poder delegado; es decir, cuestionar permanentemente la división entre dirigentes y dirigidos en el seno de la mediación político-estratégica. Esto implica democratizar la democracia revolucionaria, y plantear una revolución cultural correlativa a la revolución socialista en la constitución organizativa del sujeto nacional-popular indo-afro-latinoamericano, singularidad revolucionaria de la multitud que construye una alter-mundialización.
    Por: Javier Biardeau R.

Tres errores de Chávez y la formación del estado contrarrevolucionario  

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Soy de los que creo que el compañero Chávez ha cometido tres grandes errores este año que podrían debilitar profundamente su liderazgo y en el camino quitarle brío a un proceso revolucionario golpeado y saboteado por todos los rincones.
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    El primero de ellos es la formación de una estructura partidaria decretada. Se deja atrás con ello la posibilidad de componer un cuadro de articulación y unidad revolucionaria a distancia del estado, de la burocracia y de las lógicas de partido. Lo que permitiría superar la fase caudillezca de la revolución bolivariana, sostenida hasta los momentos en la expresión unidiscursiva y unidecisiva que ha concentrado el compañero sobre su persona desde el nacimiento del movimiento bolivariano. Las consecuencias de este primer error ya se están viendo dentro del propio partido: desapego, falta de cuorum, utilización personal o grupal de las estructuras partidarias. Limitantes que se manifiestan mucho más pronto de lo que se esperaba, a pesar de las bondades y arrojo militante de quienes voluntariosamente tratan de empujar el barco hacia lo que sería su salvación: un “partido despartidizado”, un verdadero enjambre de asambleas de base ligadas a la lucha popular, a la emancipación colectiva, al pensamiento crítico y desligado por completo del cuerpo contrarrevolucionario que en estos momentos viene conformando una suerte de “estado contrarrevolucionario” como única fórmula (luego del fracaso de la derecha conspirativa) de aplastar el proceso revolucionario real.
    El segundo error fue el de haber avanzado sobre una reforma constitucional –necesaria sin duda- encerrándola a un grupo de selectos amigos y luego concentrada en su propia decisión y modelo. Más allá de las disposiciones de reforma –que trataremos ahora- el caso es que de pronto se nos desapareció por decreto el formulario original de esta revolución cual era el de un proceso popular, revolucionario, democrático de carácter constituyente, sin más. Lo poco que se pudo lograr al menos como escenario de discusión abierta y sin presupuestos conceptuales alrededor de la asamblea constituyente del 99, en el momento en que la historia nos regalaba la posibilidad de llevarla mucho allá, de emprender una reforma estructurando hermosos espacios de intercambio y construcción de ideas en todo el país (y donde la misma “reelección permanente” se discutiría como un punto más), se impuso un verdadero “termidor constitucional”, dispuesto entre las salas presidenciales. Esto de hecho pone contra la espada y la pared a todo el movimiento bolivariano y revolucionario bajo el ultimátum de “estas o no estas conmigo”. Un error y una imposición inaceptable, sobre todo si partimos del hecho –asumido por que él y por muchísimos- de que el compañero Chávez de ser un aliado de la lucha popular se ha convertido “en un revolucionario”, un militante más de la lucha por la liberación de los pueblos. La salida que queda, ya casi utópica, es que el modelo de reforma hecho por Chávez se convierta en un borrador de trabajo para toda una cantidad de espacios constituyentes organizados en todo el país, retrazando quizás su aprobación (que siempre será un modelo inmensamente superior al borrador) pero ganando un mundo de legitimidad, de concreción real de la democracia constituyente y revolucionaria que ha fundado programáticamente a esta revolución.

    El tercer error es el haber reafirmado con sus propias palabras la lucha a muerte contra la burocracia y la corrupción y no haber hecho absolutamente nada por avanzar en firme por este camino, haciéndose cada vez más imposible que sea él mismo quien liderice una verdadera rebelión contra el monstruo que ha crecido alrededor de él. La cosa se está poniendo muy grave, la realidad se hace descarada, las denuncias concretas, incluso las denuncias salidas de la rojo-rojita e inútil asamblea nacional (y que hasta los momentos nadie ha dicho que la maneja la CIA) pero nada de importante se decide; la línea gubernamental es todo el mundo a callar. La burocracia y la corrupción no solo aumentan su peso político y se agigantan sino que ya empiezan a convertirse en un poder represivo y asesino abriendo el camino a una contrarrevolución interna sin freno y oposición que no sea la desesperación de trabajadores y comunidades. Se avanza de esta manera en la formación de un “estado contrarrevolucionario” que desborda cualquier liderazgo personal por más status presidencial que tenga. Las últimas denuncias contra la directiva de PDVSA hechas por sectores de clara identidad chavista como es el caso del padre Palmar y del diputado Luis Tascon y la respuesta del “atornillamiento” de Ramírez dentro de la presidencia de la empresa, nos evidencia al menos una terrible incapacidad de parte del presidente a la hora de hacer frente al fenómeno que tanto denuncia. La derecha y los medios privados aprovechan. Una situación efectivamente desesperante dentro del inmenso universo del movimiento bolivariano por la generalización del sentimiento de engaño y desprecio en que se siente atrapado. Y que a la vez convierte en una escolástica decadente toda la diatriba formada alrededor del marxismo, del marxismo-leninismo, del socialismo del siglo XXI, en la medida en que no se afincan al menos gran parte de los esfuerzos políticos e intelectuales posibles a darle luz a lo que constituye el mínimun elemental de todo proceso revolucionario; la pertinencia ética y política de los sujetos que lo encarnan y tienen el privilegio de situarse en sus puestos dirigentes. ¿De qué socialismo podemos hablar si los mismos o los más idénticos señores del zarismo son los que se ha apoderado del gabinete de Lenin?.

    Considerados estos errores en mi consideración muy graves ya que acorralan el proceso revolucionario alrededor de métodos de dirección y de organización, de relaciones de poder que lo niegan absolutamente (y que para ser sincero me obligan personalmente a percibir una distancia frente al compañero Chávez que jamás había sentido), nos gustaría en cortas palabras hacer una pequeña advertencia argumentada respecto a algunas propuestas concretas ya adelantadas por el presidente respecto a la reforma constitucional y que le van dando forma jurídica al “estado contrarrevolucionario”.

    Entre los puntos de la reforma están los territorios federados y la reelección continua para el presidente, puntos propuestos –insistimos- sin discusión de ningún orden dentro del espacio político-revolucionario del chavismo (o bolivarianismo para quitarle culto personalista a la identidad de este vasto movimiento). No sabemos si en el referéndum se van a singularizar las propuestas o se va a aprobar -o no- en bloque. Una cosa u otra desde el punto de vista de las reglas democráticas son muy distintas, pero en fin, más allá de ello, estas son propuestas que convierten a la presidencia en una suerte de “monarquía social-liberal” que le daría perfecta cabida a toda la ridícula denuncia -y excusa conspirativa- de la derecha sobre la supuesta “tiranía”, “dictadura”, “autocracia” que aquí vivimos. No somos de los que estamos viendo en un modelo constitucional específico la garantía o no de la emancipación humana, ni siquiera una garantía de la democracia como aspiración universal de libertad. Ojalá más bien que el propio poder constituyente de los pueblos en soberbio atrevimiento acabe de una vez por todas con este “modelismo constitucional” que tomamos como herencia del ideal democrático-burgués que nos sigue apabullando. Sin embargo, y a sabiendas que lo concreto es lo concreto, que la historia se construye en medio de una confrontación de fuerzas e intereses reales, que estamos obligados a debilitar permanentemente el poder enemigo para darle espacio a la posibilidad del acontecimiento revolucionario como tal, cabe advertir la fortaleza que le estamos regalando a todo el espectro derechista y conservador endógeno y exógeno al aparato de estado. Esta “monarquía social-liberal”, esta “gendarmería necesaria de la revolución, representada en un presidente que desplaza los poderes regionales y locales por comisarios directamente dispuestos por él, asegurando, al menos formal e indefinidamente, su permanencia en el poder, de pronto le comenzaría a dar demasiada razón al neofascismo que ya encarnó en la muchachada consumista gritando desde el vacío total de realidad ¡libertad!, ¡derechos civiles! ¡abajo la tiranía!. No nos referimos a la verdad que nos pertenece y que no debatimos más sí a la gratuita razón (ideología sembrada en la razón liberal y democrática que domina el mundo) que le damos al monstruo político que baboso espera su regreso al poder…¿Tiene esto alguna justificación y sentido que no sea la reiteración de la muy reaccionaria y populista consigna de “Chávez es el pueblo”, por tanto imprescindible, por tanto sobrehumano?. ¿Es que para enfrentar la ideología dominante ligada al modelo liberal estamos obligados a hacernos más reaccionarios que ella misma?. ¿Es que el compañero y muy bolivariano presidente no tomó lecciones del desastre que el propio Bolívar justificó y a la vez despertó cuando quiso imponer el modelo bonapartista de la presidencia vitalicia al final de su vida?.

    Sin embargo, a pesar de lo que pesa y enturbia el horizonte dicha situación vista desde el punto de vista de la “democracia liberal”, cuando nos aproximamos a ella desde el punto de vista de la “democracia revolucionaria” el problema se hace más hondo y concreto. El esquema “Chávez es el pueblo-con Chávez manda el pueblo” sobre el cual se ha sostenido el proceso revolucionario, hoy en día está totalmente agotado. El caudillo que unificó las fuerzas revolucionarias para acabar con la llamada IV República, para servir de símbolo-motor a la rebelión antifascista del 13 de Abril y que ha permitido regar por todos los rincones patrios los principios de la democracia revolucionaria, a estas alturas empieza a jugar el papel contrario a pesar de él. Más allá de las virtudes del compañero y de su evidente liderazgo, el esquema de mando unidireccional sobre el cual se ha sostenido su muy particular poder sobre el conjunto de fuerzas motrices de esta revolución, hoy en día lo que hace es impedir su maduración y radicalización. El “estado contrarrevolucionario” se nutre de esta corteza haciéndose todo los días más represivo y antagónico a las fuerza revolucionarias. Nos guste o no nos guste, hay que terminar de decir que es este mismo esquema cesarista, al menos desde el referéndum para acá, es el que ha garantizado la perpetuidad de semejante animal corrupto y contrarrevolucionario, impidiendo la generación de un liderazgo autónomo y colectivo que en su propio devenir político esté cualitativamente preparado para profundizar el proceso revolucionario, acabar con el animal y sobremontar los inmensos obstáculos que se interponen a la revolución.

    Con la reforma constitucional, sin discusión, pasaremos a formalizar constitucionalmente este esquema convirtiéndolo en un modelo coagulado de liderazgo y mando indefinido en el tiempo y que se extenderá sobre toda la república a través del esquema de los comisariatos (vicepresidentes) nombrados a dedo en territorios los llamados federados. La negociación tácita hasta ahora vigente de “denme poder que les daré poder”, además de ser un absurdo para una revolución socialista, se incrusta a través de la violencia de la ley en el formato republicano, convirtiendo el supuesto imprescindible del mando único y personal en una condena constitucionalizada. Supongamos al contrario que a Chávez le toque cantar su final como presidente en el 2013, ¿no sería esta circunstancia límite -crítica, peligrosa, como sea y como se vea- una palanca extraordinaria de renovación, de debate frontal, de balance profundo y sincero, de reto para la recreación de la revolución desde un liderazgo mucho mas colectivo y democrático?. Si no queremos correr riesgos entonces no digamos que esto es una revolución, esto es un reformismo patriarcal y profundamente conservador que se vale de los lenguajes revolucionarios y libertarios para facilitar la explotación de la plusvalía política del colectivo. ¿Si en vez de estar creando comisariatos regionales, cual policías sobremontados sobre poder popular y regional, convocamos a asambleas constituyentes regionales (por principio y método establecidos en la misma reforma constitucional) para construir fórmulas que incluso pueden ser diversas de soberanía colectiva y territorial, no estamos de verdad construyendo una democracia inédita y revolucionaria?. ¿No hay al menos esa posibilidad?, entonces dejemos la paja sobre el socialismo del siglo XXI.

    No olvidemos tampoco que por debajo de este esquema vertical del poder de estado, ya se está diseñando otro esquema para los poderes comunales y populares que de abajo a arriba, a través de elecciones de tercer y cuarto grado, harían el entronque con el poder forjado desde arriba a nivel municipal y regional. Ni la más pesada y retorcidas de las iglesias barrocas se parece a esto. Tres dimensiones de poder: un poder popular abajo, un poder liberal y representativo en el medio, un poder hipercentralizado y presidencialista encima de todo. ¡Qué sambumbia burocrática!. ¿Por qué se retrocede tanto?, ¿por qué aceptamos que hasta el mismísimo “poder popular” se convierta en un producto prefabricado desde el estado?, ¿es que hay alguna justificación geopolítica, militar, o de cualquier orden para aceptar esto?, ¿realmente la hubo alguna vez en la historia?, ¿es que alguien todavía podría pensar que bajo semejante “superestructura” contrarevolucionaria podrá estructurarse una sociedad libre y socialista?.


    Finalmente, la advertencia que hacemos para los tiempos que vienen es que si esto efectivamente se lleva como método y formato de reforma constitucional para ser aprobado por referendum ahora en diciembre, se puede perder, se puede ganar. La tensión conspirativa ante esto va a ser enorme. Pero supongamos que lo más lógico es que gane y se derrote toda conspiración por el nivel de incredulidad en que ha caído la derecha y el manejo del gobierno del aparato electoral. Sin embargo, por el ambiente que ya hay en la calle, por las opiniones que se oyen, por lo que es evidente y aunque sea intuitivamente ya se percibe, muy lejos vamos a estar de los grandes festejos revolucionarios que hemos vivido en estos años. Aún con cincuenta mil personas festejando en Miraflores el día de la victoria, la diferencia de ánimos y disposiciones entre diciembre del 99 y diciembre del 2007 será abismal…la contrarrevolución al fin habrá impuesto su ley.
    Por: Roland Denis



Los Militantes  

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Figura curiosa y muy presente en nuestro mundo la de un “militante revolucionario”. Ahora, alguien se ha preguntado ¿por qué hay “militantes revolucionarios”?, ¿cómo se forjó esta raza de gentes?, ¿de dónde salen estas personas que parecen religiosos que cambiaron la sotana por un blue geen y el silencio místico por el grito del manifestante?. Para algunos es un ser raro, para otros lo más común. Para unos un estúpido, una lacra a evitar, para otros un ídolo y un ejemplo. Para el que lo es, pues es su vida y nada más, algunos pretenden medallas, otros viven su militancia con mucha mayor paz sin otra búsqueda que la de su propia realización humana. Lo que sí es muy seguro es que son o somos muy pocos los que nos preguntamos ¿Dé dónde salió y para dónde va este ser tan particular?

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    Pero empecemos por poner las cosas en orden. Los o las militantes son seres atados a una cotidianidad muy especial. Siempre una reunión aquí y allá, un día en la mañana, otro día en la tarde, muy comúnmente en la noche. Pendiente que se tiene un contacto importante a hacer con alguien, una movilización en perspectiva, temprano recibe una llamada por teléfono y es convocado a una asamblea. Al rato recuerda un libro o al menos un documento por leer, otro por escribir, o una pancarta, o un mural, o un reparto de periódico, cuando menos unos volantes, por hacer. Otro telefonazo una noticia buena, otra común y otra mala. Hay por lo general un viaje por hacer o se viaja comunicándose por los correos y páginas de Internet. Ve la agenda y se recuerda de la reunión urgente para planificar otro foro, otra asamblea, otra movilización, otro taller, una reunión nacional, otra local…y siempre o casi siempre se atravesará la vida necesaria del trabajo, las responsabilidades de familia. O no, muchas veces pelando y desempleado, abandonado sin mujer u hombre, sin familia que lo o la quiera. Sucumbiendo fácilmente a un café o al laxo mundo de los alcoholes para hablar de política, establecer las diferencias y la crítica a cercanos y lejanos, amigos y enemigos, hacer diagnósticos relajados y prever nuevas estrategias y alianzas. Si es clandestino todo esto discurrirá entre el silencio y el escondite, si hay la suerte o la decisión de no tener que serlo pues será muy evidente. Descubriéndose, enmascarándose, expresivo o invisible, en la tierra propia o forzado a estar lejos de ella, casi siempre habrá un deseo y un amor atravesado…y vuelve la mañana, aunque no siempre, porque pasa también que el juego de la vida y la muerte ya no le dio más mañana.

    Con todos sus matices, así transcurre la vida del militante en la Venezuela y el planeta que conocemos. A veces sometido a la marginalidad de no ser más que una ultraminoría dentro del zoológico social y el circo de las ideas políticas dominantes, a veces en el climax del reconocimiento y el poder en cualquier forma. Su aventura es como salir del primer escenario y entrar al otro, realizando los ideales nunca traicionándolos. Puede ser entonces una militancia con las puertas abiertas, o una militancia que no ve luz entre puertas y ventanas, marginado, seguido o perseguido. Pero pasa muchas veces que la militancia se tuerce, desesperada y desesperanzada porque el mundo no cambia, las solidaridades no funcionan, se ritualizan las rebeldías, los cambios toman las formas de un nuevo monstruo institucionalizado, se desmoronan sueños; en medio de estos ciclos tan comunes al mundo se probará cada quien hasta donde llega y hasta donde no. Si de verdad se tuerce las alternativas de la moderación política o el abandono de los que serán acusados como viejos y absurdos sueños, será la manera de mitigar la vergüenza. Acotemos también que por todo militante también sonará el zumbido permanente del mal, las ansias de poder y riqueza que no respetan principios, convertir la fuerza humana que le rodea en un escalón de poder personal, privilegios y sometimientos, demagogia, narcisismo y mentira. Nueva prueba, una y otra vez para este curioso ser; ángeles y diablos libran su combate dentro de él; a cada quien le tocará elegir su camino.

    El militante vive y es un inmenso monumento ético encarnado, forjado en su compromiso de lucha por el bien común y la liberación de la vida ante toda forma de sometimiento. Uno y otro militante, decidirá en algún momento dedicar toda, parte o gran parte de su vida a ese combate donde ya no caben intereses, el único interés es el interés de la humanidad entera, así su partida no sea más que un grito de rebeldía contra los tantos sometimientos que lo rodean en su mundo particular, su vida, su patria. Por ello mismo será un ser acompañado permanentemente por una marea de palabras, teorías y opiniones derivadas de una cantidad de otras bocas y cabezas, y serán estas palabras lo que le den el toque decisivo del rumbo a tomar, la decisión a defender, la voluntad colectiva en la cual participar. Discursos que por lo general se recogen de afuera, de un entorno, una situación, una organización, un guía, un líder, para luego convertirse en agenda de acción. Sólo si es muy afortunado se tendrá la dicha de moldear estas palabras decisivas con criterios finales forjados dentro del alma ya socializada que creció dentro de él o de ella.

    Pero, ¿será posible que esta raza humana nacida de la política y el deseo indestructible de manejar nuestro destino, termine por desaparecer? La militancia o el militante revolucionario nació en los rincones de los campos y las fábricas por allá en el siglo XIX, pero llegó a consolidarse como un ser más de este mundo una vez que se formaron esas raras invenciones llamadas partidos obreros, sindicatos de lucha, movimientos sociales, independentistas, socialistas, comunistas o libertarios a lo largo del siglo XX. Fue desde esas organizaciones que todo lo querían cambiar combatidas por los capitalistas y políticos que todo lo querían conservar, donde consolidó su presencia y se multiplicó por el mundo. Nació con las revoluciones democráticas y proletarias, junto al advenimiento de la política como asunto fundamental a la vida social. Pero serán quizás las antiguas milicias y guerrillas populares tantas veces formadas contra tanta forma de esclavitud que ha habido en la historia, el antecedente inmediato de esta raza. De allí que la palabra “militante” tendrá siempre su raíz asociada al nombre del “miliciano” y su lenguaje como su acción estarán estructurados en códigos guerreros; la guerra a muerte contra la opresión y el opresor. Agreguemos que para hacer posible su nacimiento, al menos en el mundo occidental, hará falta el decaimiento de la mística religiosa, de la vida atada al ritual religioso y la esperanza de un cielo bendito y placentero vendido por esta; a su vez reemplazado por una nueva mística guiada por la esperanza de lograr la felicidad colectiva en este mismo mundo. Una nueva ética –o una nueva religión como dirá Mariátegui- conducida por la pasión a lo inmortal del ser humano que es su posibilidad de libertad y su capacidad de creación, nació y se encarnó en el siglo pasado en la figura del militante.

    Sin embargo, la militancia también tiene su historia. No es lo mismo un militante obrero de principios del siglo XX, un militante de cualquier partido comunista veinte años después, un militante de las luchas de liberación contra el colonialismo en Africa y Asia, un militante de los movimientos juveniles de la rebelión de los sesenta, un militante de los ejércitos guerrilleros de la América de los sesenta, los setenta, los ochenta, de la Colombia de hoy, o un militante del movimiento antiglobal de hoy, de los movimiento sociales nuestramericanos, de la resistencia Irakí, de la resistencia en Chiapas o en Oaxaca o de la Venezuela bolivariana. No es tampoco lo mismo un militante que cargue en su memoria y piel todo un acumulado de años y hasta décadas de militancia, trayendo consigo toda la metamorfosis del “modo de ser militante” donde tanto han cambiado las formas de lucha, las formas de organización, los lenguajes y las verdades que se defienden, a un joven que hoy apenas comienza a sentir por dentro como se le van metiendo ese fuego ¿maldito y/o bendito? del ser militante asumiendo los primeros y respectivos compromisos. Los partidos, su razón de ser, sus formatos orgánicos, sus teorías, sus prácticas, decaen rodeados de incredulidad. Ya nadie quiere sentirse “representado” por otro, eso ya no funciona, se sabe que es una terrible trampa burguesa que le costó el fracaso a un siglo entero de revoluciones. A la par, surgen uno tras otro movimientos queriendo reemplazar en la forma de grandes conjuntos abiertos y horizontales, el viejo caparazón de los partidos de cualquier signo y época…vivirá o podrá reproducirse si no cae en la trampa de creerse representativo de nada sino de su propia voluntad, su lucha, su creación. Su lucha ya no es por el poder constituido es por la liberación de esos viejos poderes que conocemos, es una verdadera lucha política frente a los poderes dominados enteramente por el capital y la economía. Por tanto, ya no se cree en el estado, ni en la burocracia aunque se necesite y en el fondo a muchos les siga gustando. Los libros que antes daban la verdad última de toda revolución y todo acto militante, también envejecen impotentes ante un mundo que se conserva más allá de las verdades inapelables expuestas por ellos. Esa vieja militancia bíblica y librezca, o al menos panfletaria y programática, ahora es reemplazada por la lucha de cada quien por lo suyo, obligada por ello mismo a moverse en un gran dilema ¿para qué y por quién lucho?, ¿por mí, por mi clase, por mi patria, por la humanidad entera?

    Ese es el dilema de una militancia que, finalizando el siglo anterior y comenzado este siglo, se ha transformado en una profunda crisis de la propia condición militante. La metamorfosis de los tiempos obligan al militante a rendirse; las voces del ocaso le dicen ya no hay nada que hacer, los fuertes han vencido, cuando mucho redúcete a ti mismo y a tus propios y quizás nobles intereses, lo otro es una locura inútil. Dilema perfectamente entendido por burgueses y burócratas que muy temprano se percataron que en medio de ese dilema hay “una militancia comprable” y hasta “mercantilizable”. Es decir, se puede comprar a un militante sin obligarlo en apariencia a que abandone su juramento ético y de vida, su cotidianidad “militante”. Se le compra por medio de prebendas, de subsidios, de becas; todo un universo de contratos que gira alrededor de los mercados financieros de las ONG’s, redes religiosas, Banco Mundial, Interamericano, instituciones sociales, etc., para que desahogue sus ansias de justicia. Eso sí “te quedas en lo tuyo, en tu tristeza por los pobres, los hambrientos, los enfermos, los explotados, los torturados, si eres o has sido parte de ellos, mucho mejor; mucho mejor que seas negro, indígena, multicultural, esto me encanta porque además me legitima”. Lo único inaceptable es que se diga NO, que se reafirme que “lucharé todo lo que sea por aquello que me duele a mí y a los míos, por cualquier causa de justicia con la cual me identifique, pero nada hago si esa lucha no la trasformo en una lucha por toda la humanidad, en una lucha contra todo lo que nos explota y domina, en una lucha por la igualdad de todos los seres humanos, en una lucha de todos y por todos los parias de la tierra”. Ese militante ya no es comprable, ese es un terrorista.

    En Venezuela ese mismo dilema se reproduce por igual pero de manera muy especial. La diferencia es que aquí “los y las militantes” han tomado fuerza, su lucha ha sido exitosa, han ganado espacio y poder, pero eso no quiere decir que se haya triunfado. Muy lejos de ello, aún le queda un largo espacio a este mercado financiero de la mercadería militante para neutralizar las energías del que busca emanciparse y que ellas mismas jueguen a favor de su enemigo. Y hay algo que favorece todavía más al mercader. Aquí no hace falta acudir a los mercados internacionales, el propio mercado nacional manejado por la burocracia, utilizando los abundantes billetes del estado, podrá jugar ese papel. El único problema de este mercado es que no puede equivocarse, tiene que ser muy sutil, su lenguaje tiene que confundirse con el de los parias militantes, tiene que hablar en sus mismos códigos, en muchos casos hasta tiene que mimetizarse con sus luchas y su voluntad de poder. Es una burocracia en perfecto conocimiento que su poder depende exclusivamente del apoyo de esa extensa militancia que ha producido la revolución bolivariana. Y mientras no llegue a un acuerdo firme con los imperialistas del norte y los burgueses nacionales, no tendrá salida. Le toca ser entonces una especie de “Banco Mundial de izquierda” a escala nacional y sumamente benévolo. Y reconocemos que en este aspecto no lo ha hecho mal. Mucho más cuando es conciente de su fragilidad dentro de la situación histórica que vivimos y le da espacio de poder a esa misma militancia poniéndola junto a sí misma. Aunque últimamente se nota que esto es lo que más le cuesta, una y otra vez vemos como salen expulsados, acusados y humillados los mejores camaradas de los cenáculos dirigentes. Cuando mucho y a unos pocos, ahora los prefieren de “asesores”. Error estúpido que cometen. En todo caso, las consecuencias están claras, ha nacido en Venezuela una militancia de foros, marchas, declaraciones y espectáculos, reducida a sentirse parte de una revolución donde nada de importante decide, obligada a callar (“tácticamente”, dicen) las verdades más duras y que no gustan a los poderes decisivos. Verdades que a veces dicen “señor esto es un engaño”! … ¿Cómo?... ¿Qué ha dicho usted?!...silencio…El PSUV desgraciadamente será un monumental lugar de control y reajuntamiento permanente de dicha militancia oscurecida, neutralizando a su vez otro conjunto mayor, mucho mayor, mucho más ingenuo y sin lugar entre los pasillos palaciegos.

    Pero bueno, sea lo que sea, aquí o en cualquier parte del planeta, la militancia al desmoronarse sueños gigantescos, al sentirse traicionada por pensadores, dirigentes y organizaciones que juraron abnegación a las luchas de los pueblos, al ver como crece sin detenimiento el monstruo imperial y neoliberal, vive un dilema durísimo pero a la vez fabuloso. Si esta raza no quiere morir, se niega a no dejar morir la pasión libertaria que la mueve, siente que quizás hoy mas que nunca tiene todo sentido conservar y reproducir la naturaleza tan ética como política, tan mística como científica, tan pacífica como guerrera, de la que se nutre esta raza, entonces tendrá que aprender a renacer. Pero cuidado, conciente que ahora sí le toca decidir por sí misma y hacerse a sí misma, ya no hay nadie que la guíe y la represente. A todo riesgo, le toca tomar sus decisiones y generar los procesos y sucesos que nos den la prueba de posibilidad de la derrota del opresor. Le toca hacerse de su propia ciencia para fortalecer principios, construir caminos y pegar duro. La política se ha convertido en una ciencia militante, es decir, en una ciencia del pueblo y exclusivamente de él. El resto de los poderes constituidos ya no hacen política, simplemente administran los flujos humanos y de capital. También toca “liberar la política” de toda la basura que quedó de los sueños derrotados y abrirla hacia esferas de la vida nunca pensadas. Si todo se ha hecho capital, si a todo convierten en mercancía, pues la pelea habrá que darla en todos lados, en todos los espacios, oficios y haceres del hombre. Maravilloso momento entonces para que esta raza se recomponga y renazca desde hechos insólitos, tan divinos y creadores como la bandera libertaria que esta en toda su historia, por la que tantos dieron su vida y tantos pueblos gozaron al menos un momento de profunda felicidad.

    Roland Denis
    jansamcar@yahoo.com

Chavismo sin socialismo o El Chavismo sin Chávez  

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No son pocos los peligros que amenazan a un pueblo cuando se decide a construir su futuro sin la grosera ingerencia de de los intereses del imperialismo, mucho menos cuando se trata de un país con la envidiable posición geo-política como la de Venezuela; las inmensas riquezas que yacen en su suelo, sub-suelo y en fin, no se puede dejar de valorar en su exacta dimensión la amenaza cuando se quiere construir el socialismo tomando como bases las raíces que nos ha dado vida como pueblo.

Dentro de estos peligros obviamente no se puede desmeritar lo que el propio Chávez ha planteado con respecto a quienes juegan al saboteo y al llamado “Chavismo sin Chávez”, pero también hay que detenerse a revisar la tesis de Haiman El Troudi sobre el Chavismo sin Socialismo.

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    Esta tesis le encaja muy bien a unos cuantos y hay que estar alertas ante esa posibilidad, es decir, esto sería una desviación del proceso con una fuerte presencia de los enemigos del mismo dentro o dirigiendo el proceso. Ya el propio Chávez por allá a finales del año pasado se refería a la presencia dentro del propio estado de actitudes muy lejanas de la construcción del socialismo, se refirió a la cuarta república y señaló que en las regiones y en los municipios ésta aún “estaba vivita y coleando”. Permanentemente Chávez denuncia el poco compromiso de funcionarios del gobierno en el ataque a los problemas que confronta el pueblo. Todo esto encaja en la visión de quienes aún estando con Chávez, defendiéndolo y demás, sin embargo limitan el desarrollo del proceso revolucionario al “secuestrar” las políticas dirigidas en función de la consolidación del poder en manos del pueblo. Chávez habla del pueblo como el sujeto determinante en este proceso revolucionario y acierta en su visión pero tampoco debemos menospreciar el accionar de los que cumplen la misión de trabar el desarrollo de dicho proceso tal cual lo está proponiendo el Presidente.

    El propio Chávez denuncia los retrasos y las trabas para el proceso de realización de las Asambleas del PSUV, la inmensa desorganización existente, la falta de información, etc. Es sorprendente esta actitud de quienes tienen la responsabilidad de hacer este trabajo. La información no fluye, los listados son casi “secreto de estado”, los datos que recabaron al momento de hacer la solicitud de incorporación como aspirantes a militantes del PSUV pareciera que lo convirtieron en “polvo cósmico”; teléfonos, E-mail, direcciones, etc. Pareciera que no sirvieron de nada.

    Para nadie es un secreto que con una herramienta como la informática, no se justifica este tipo de retrasos, solo se puede pensar en una especie de “plan macabro” para alejar al pueblo de los centros de decisiones políticas con respecto al PSUV y que siga el bochinche. Solo debemos preguntarnos lo siguiente: ¿a quien beneficia una escuálida participación del pueblo en las asambleas del PSUV?.

    1. Los que pretenden secuestrar el partido y convertirlo en distintas regiones en una especie de “divisa” que les sirva para mantenerse en instancias de poder local, importándole poco si se construye o no el socialismo.
    2. Los que durante este proceso han hecho algún “dinerillo” y saben que la sobre vivencia de los mismos depende si “todo sigue igual y nada cambia”.
    3. Los Corruptos, inoperantes, mediocres que ven en el estado una fuente de poder para enriquecerse y disfrutar del manejo de dicho poder.
    4. Los que ven en Chávez una tabla de salvación para defender sus intereses individuales por encima de los intereses colectivos.
    5. Los adversarios naturales de un proceso socialista. La derecha infiltrada dentro de la revolución que solo quiere “que todo cambie en apariencia pero que en el fondo no cambie nada”.
    6. Los confundidos de “buena fe” que los hay y bastantes o bien porque no entienden el proceso o bien porque sienten temor a un cambio profundo y creen que torgarle “mucho poder” al pueblo representa para ellos la muerte a “sus proyectos”.

    Todos estos sectores están propensos a convertirse en enemigos del desarrollo del proceso revolucionario y pudieran convertirse en “aliados” de hecho de los planes imperialistas para evitar la construcción del socialismo a como de lugar. Esta situación debe disparar las alarmas de quienes de verdad creen en la propuesta de Chávez de construir el socialismo y esta desviación pudiera dar al traste con la revolución.

    Estamos claros que la posición de Chávez representa mucho peso para el futuro del PSUV, sin embargo, a veces uno como mero espectador observa a Chávez en su lucha y lo ve muy solo dentro de la estructura del estado. Si bien es cierto que cuenta con el respaldo de un pueblo que desea participar con todo en la construcción de una sociedad distinta, muchas veces sin grandes definiciones teóricas, pero intuye que la propuesta del líder es la correcta y está dispuesto a apoyarla. Esa es justamente la fortaleza de Chávez y de allí que la responsabilidad de quien piensa así, que representa la mayoría, se centra en hacer un esfuerzo mayor por participar en las discusiones de las Asambleas de Batallones y que sus opiniones se hagan sentir. No podemos dejarle a los llamados “políticos de oficio” la responsabilidad de la escogencia de los voceros y posteriormente los delegados al Congreso Fundacional del PSUV. Es una elucubración pero no debemos dejar de atender a estos grupos mencionados anteriormente le interesaría sobremanera la tesis del Chavismo sin Socialismo. Esta situación les permitiría sobrevivir en un estado de cosas que les facilitara a través de la acumulación de capital “controlar” el proceso, convirtiéndolo en un proceso reformista. Estos enemigos internos son muy peligrosos y por defender sus intereses son capaces de todo. Asimismo cabe destacar que todo el mundo sabe que existen estos grupos en todo el territorio nacional y el pueblo los conoce y los detecta, es por ello que estos sectores últimamente se están moviendo para evitar por todos los medios que se genere una discusión a fondo del temario planteado y como dije en otra oportunidad solo pretenden darle “un mateo” al asunto de los batallones socialistas; a esto quizá se refiere Haiman El Troudi cuando habla del Chavismo sin socialismo.

    EL PUEBLO DEBE CONSTRUIR SU INSTRUMENTO POLITICO PARA HACER LA REVOLUCION.
    Llegó el momento de participar, llegó el momento de asumir la responsabilidad; quienes no sepan a que batallón pertenecen, haga el esfuerzo, acérquese, ubíquese; participe en las asambleas y estemos atentos a cualquier situación que se presente. Aquí nadie se chupa el dedo y así como en otras oportunidades hemos salido a defender al comandante porque es él quien representa la esencia de esta revolución, es el momento de darle una clase de política a las elites que hoy se desesperan por tomar el PSUV bajo su control. Vamos a tomar la palabra de Chávez, el ha manifestado que “nada haríamos si en el PSUV se siguen viendo las mismas caras de siempre”, con ello no estamos negando los méritos de muchos de estos camaradas que han hecho un importante esfuerzo, pero si el proceso tiene que profundizarse, esto solo se logra con una amplia participación del pueblo llano. Este no puede ser el partido de las elites, ni de los grupos, ni de los “profesionales” de la política. Este, el PSUV, tiene que ser la creación política más grande del pueblo venezolano de los últimos siglos. Volvamos a la gesta heroica de Bolívar, Sucre, Ribas, Girardot y toda la pléyade de patriotas que dieron su vida por la patria. Llegó el momento de erradicar de raíz todas las fallas que aún persisten en este proceso revolucionario, de allanar el camino hacia la victoria del pueblo. La lucha no es sencilla pero este pueblo tiene la casta de los grandes y si lo logrará. A pesar del saboteo interno y externo saldremos victoriosos. Con Bolívar, Zamora, Robinson y toda la savia que sustenta este árbol de libertad este pueblo estará ganando, al construir su instrumento político, la batalla más importante del siglo 21, construir el socialismo.

    Por: Luis Alberto Toro Ojeda/ Aporrea.org Visto en JWW Opina