Una Revolución en Pañales  

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Existe algo en lo que estamos de acuerdo al menos 8 millones de venezolanos, un común denominador que se activa ante la cercanía de alguna elección, un algo que nos motiva por igual y nos lleva a apoyar la permanencia del Presidente Hugo Chávez Frías.

Es un algo elemental, un algo esencial que permite sincronizar la mente de muchos venezolanos para superar el reto planteado.

Es un algo formado por el conjunto de diversas motivaciones: Para algunos es la expectativa de un futuro mejor, la esperanza alimentada, la idea de ser libres y soberanos, el orgullo ante su gentilicio rescatado y la visión de los logros alcanzados. Para otros es la rebeldía que pueden manifestar ante lo que se les impone desde afuera, ó el poder expresar el resentimiento justificado ante el abuso y el atropello de tantos años. En otros es el atractivo que provoca intentar nuevas corrientes ideológicas y formas de administrar el estado. Y no faltan los que por oportunismo y conveniencia política hagan de su apoyo un cheque en blanco que luego cobrarán.

Todo se conjuga, y aún ante el caos que provocan algunas fuerzas internas, contrapuestas y parcelarias, pues nace el huracán revolucionario, la marea roja, la fuerza moral inspirada en el ideal libertario y justiciero de Simón Bolívar, y las enseñazas cristianas de igualdad y amor; entonces viene el arraso, la victoria ante el reto eleccionario.Sigue leyendo...
Es una máquina que funciona perfectamente, una máquina para ganar elecciones una y otra vez. Entonces, una vez culminado el reto eleccionario y alcanzada la victoria, ocurre el fenómeno acostumbrado, pues simplemente tantas motivaciones orientadas a un solo propósito se dispersan y comienzan a luchar entre si.

Ante este fenómeno, la soluciones tempranas que obliguen la unificación de propósitos y criterios, simplificándolos en recetarios ideológicos ó leyes de abecedario de estricto cumplimiento, ó aquellas que incluyan discriminar, separar, execrar, aislar, ó destruir, cual tumor maloliente y cancerigeno, a los que atentan y sabotean los intereses de mayor amplitud ciudadana, pues han demostrado tener un efecto controlador, pero que no deben, ni pueden mantenerse indefinidamente sí se pretende finalmente una sociedad de iguales.

La sociedad humana encuentra en su diversidad su mayor fortaleza, pero también en ésta, su mayor complejidad, y aún cuando esta complejidad provoca en mucho esa inestabilidad propia de nuestro comportamiento como especie, demostrado a los largo de años de historia, termina por ser más peligrosa las ideas que sustentan cosas como el pensamiento único y su pretensión hegemónica respecto al orden económico mundial, ó las bien formuladas y estudiadas frases guerreras y libertarias, tales como “lucha mundial contra el terrorismo”, ó los intentos por manipular el genoma humano para diseñar exponentes superdotados, modelados según ciertos estándares de belleza y perfección física, que atentan contra el proceso natural evolutivo.

Cualquiera pudiera pensar que en la Venezuela Bolivariana actual ocurre una suerte de alineamiento ideológico, y en mi parecer es verdad, sólo que ni es hegemónico, ni es malsano, y aún cuando suene contradictorio, al menos en estos tiempos de novel revolución, de nuevos rumbos y definiciones ideológicas, necesariamente el camino a recorrer pasa por ponernos de acuerdos en ciertas cosas fundamentales, obligando y forzando la unificación de criterios y pensamientos, pues es la única manera de empujar la nave hacia un destino de feliz arribo. De no ser así, lo que aquí ocurre no se llamaría Revolución.

Pero pareciera no ser posible tal cosa sí partimos del hecho, que generacionalmente la revolución bolivariana, clara en su ideal igualitario y libertario, se enfrenta a un arroz con mango ideológico, triste realidad que ocurre gracias a las influencias irradiadas por años hacia nuestra base poblacional, producto de sucesos históricos importantes ocurridos en distintas partes del mundo en épocas pasadas, así como por modas estúpidas y ridículas que han condicionado nuestro comportamiento de manera profunda. Condición de debilidad que mantuvimos ante la elevadísima permeabilidad que presenta nuestra sociedad, como consecuencia de nuestro analfabetismo ideológico, del ignorar nuestra propia historia y sucumbir ante el raquitismo de los retazos de culturas importadas, así como ante la ausencia de modelos de desarrollo propios.

Unificarnos para darle el triunfo al Presidente en más de ocho oportunidades, ha sido fácil, y ahora en la última elección, sembrar la idea de ir a un nuevo Socialismo, fue igualmente fácil, en gran medida debido al liderazgo y popularidad del Presidente, por su capacidad para unificar y amalgamar voluntades.

Y aún cuando las ideas llueven por doquier, las propuestas y demás ensayos que actualmente se llevan a la práctica, en su mayoría sean excelentes, el arroz con mango ideológico, las diversidad de motivaciones existentes en la ciudadanía, los saboteadores, corruptos, tecnócratas, y demás exponentes de falso ideal revolucionario, atentan peligrosamente contra el logro de los objetivos planteados, así como peor aún, contra su desarrollo y sostenimiento en el tiempo.

Y es que a final de cuentas el factor más importante para lograrlo, tal como lo es el factor humano, apenas está formándose. Nuevas generaciones de profesionales, técnicos y trabajadores están aún en pañales. Nuevas generaciones de ciudadanos creciendo en una nación donde, aunque incipiente, ahora si existe contenido ideológico propio; donde ahora si se desarrolla un modelo político y económico ajustado a nuestra idiosincrasia, donde ahora si nuestros fracasos se convierten en oportunidades para hacerlo mejor y no para culpar a otros por ser vende patrias. Donde conceptos abstractos como soberanía, sociedad, estado, gobierno se comienzan a comprender para formar parte del pensamiento natural y espontáneo del ciudadano. Nacionalismo bien entendido, patriotismo bien entendido, libertad bien entendida. Convivencia y solidaridad, bien común y servicio público, derecho y deber, constitución y ley, norma y comportamiento, respeto y amor por el semejante, todos sean elementos de esencial composición en la psiquis del ciudadano común.

Quienes ahora estamos en la palestra, tan sólo podemos luchar enérgicamente contra corriente, abriendo caminos en medio de la selva virgen, y hacerlo solo con la esperanza de saber que otros serán los que verán y disfrutarán el fruto de tanto esfuerzo. Los que ahora estamos, aún influenciados por tanta basura ideológica, cristalizados nuestros pensamientos por tantas ideas alienantes, acostumbrados a vivir de un modo tal y cual, a ver como normal el consumismo que derrocha naturaleza, para ser útiles, lo menos que podemos hacer es supeditar nuestra participación a la aceptación y no resistencia a los cambios. Y sí lo deseáramos, es mucho más lo que podemos dar, al participar creando nuevas formas y maneras para perfeccionar y desarrollar la esencia más pura de las ideas más nobles de este sentir revolucionario, más aún cuando veamos que lo accidental y putrefacto sea lo que muchas veces prevalezca.

Algunos llaman a todo esto adoctrinamiento, porque se busca convencer y orientar a los comunes hacia una corriente ideológica determinada, con objetivos también determinados, y lo connotan como algo malo. Es posible que sea algo peligroso, pero cuando se trata de cambiar paradigmas para romper con aquello establecido, que envenena y emboba, no existe otra manera de hacerlo, al menos en su etapa inicial y siempre que sea con propósitos nobles de demostrada aplicación.

De todas maneras, eso de adoctrinar siempre ha existido y se logra a través de los medios de comunicación, de los estándares corporativos normados, los certificados de calidad, las enseñanzas de doble intención, esa bien diseñadas y orientadas que es impartida en instituciones académicas y universidades formales, así como por intermedio de un sin fin de corrientes de sutil irradiación, pero de constante exposición.

Al final lo que queda es hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué pasaría con todo lo logrado hasta ahora y con el futuro de la Revolución Bolivariana sin Hugo Chávez?

Responder esta pregunta causa un temor enorme, pues existen muchos <>, que son los llamados a llevar adelante esta revolución y que a la hora de la chiquita haría de su traición algo grande, mientras que quienes pueden realmente llevarla adelante están aún en pañales, o sumergidos en el foso viendo por si mismos para tratar de salir.

Necesitamos a Chávez, necesitamos acelerar la formación de nuevas generaciones de ciudadanos comprometidos, adoctrinados para un fin noble, necesitamos execrar a los encubiertos, a los vendidos y escondidos, a los que interpretan a conveniencia lo que dice el Presidente, a los que generan malestar en la clase profesional y obrera, a los que cuidan parcelas de poder y forman tribus para beneficiarse de los dineros públicos, porque sin Chávez no hay revolución posible, tan solo buenos deseos dispersos por aquí y por allá de los esperanzados de siempre. Sin Chávez la jauría de lobos de siempre, acostumbrados a robar el erario público, haría su entrada triunfal una vez más, sólo que esta vez la lucha sería dantesca y el futuro de nuestro país estaría signado por tiempos duros y oscuros.


“Amigo mío, que eres mi enemigo, ese que duerme conmigo, eres peor que el aquel que se dice ser mi enemigo y no está conmigo”.

Por: Adnan Abidar

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