A 18 años del Caracazo  

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La transformación de paradigmas sociales de gobernabilidad que actualmente se expresa en la Revolución Bolivariana se inicia el 27 de Febrero de 1989, cuando aún Chávez y los militares rebeldes se encontraban en los cuarteles; tres años antes de las insurgencias del 4 de Febrero y del 27 de Noviembre de 1992.
Ni podía imaginarme que 18 años después mi ser estaría en las mismas luchas de las victimas protagonistas de estos sucesos. ydr
Aquí les dejo de una síntesis histórica de los hechos:


“Hoy martes 27 de febrero de 2007 conmemoramos los 18 años de este episodio,…
Ese día nos encontraremos en la Plaza de la Estación del Metro de Palo Verde a las 5 p.m., para hacer memoria juntos y recordar a todos los compañeros que ya no están.
Este sencillo acto cuenta con la participación de la Escuela de Formación de Petare, TV Petare, CRP Radio Petare, Justicia y Paz de Petare, Grupo Tamanaco, la Promotora de Círculos Bolivarianos Toldo 5 de julio y este Frente Antifascista. Esperamos que nos acompañes con tu voz y tus memorias.”
A 18 años del 27 de febrero de 1989.
En 1989 Carlos Andrés Pérez asume la presidencia por segunda vez. En 1989 también, se realizaron las primeras elecciones de Gobernadores y Alcaldes, regidas por la nueva Ley Orgánica de Régimen Municipal. Antes de ello, los gobernadores de todos los estados eran designados desde el nivel central por el presidente de la República y los alcaldes por dichos gobernadores.

Desequilibrios macroeconómicos, arcas del Estado exhaustas, renta petrolera insuficiente para satisfacer las crecientes demandas de la población, pobreza y desencanto social, constituían el cuadro de la Venezuela de esos años. Pérez adopta un paquete de medidas de ajuste neoliberal orientado a la liberación de la economía tras la firma de una Carta de Intención con el Fondo Monetario Internacional, en la que se decretaba un aumento del precio de la gasolina (combustible) y el transporte público, entre otros “políticas de ajuste económico” que golpearían el ya debilitado ingreso de las franjas más pobres de la sociedad.

El 27 y 28 de febrero se encendió la llama del descontento popular, que llevó a cientos de miles de personas a salir a las calles de Caracas y de otras ciudades del país para protestar el implemento de aquel inicuo paquete neoliberal. Se producen saqueos a comercios y se protagonizar hechos de violencia, seguida de una de las más sangrientas represiones policiales – militares jamás registradas en la historia contemporánea venezolana.
El gobierno suspendió varias garantías constitucionales e impuso un toque de queda durante varios días. Las cifras oficiales de muertos referían al menos unas 300 personas, no obstante el número de asesinatos derivados de la masacre ascendería a más de 10.000 personas, la mayoría a manos de los cuerpos de seguridad.Los sucesos del 27 y 28 de Febrero de 1989, en los cuales las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN) fueron obligadas a reprimir al propio pueblo del cuál provenían generaron una gran crisis de identidad en los mandos militares intermedios. Crisis de identidad que al cualificarse en los debates y los combates posteriores a Febrero permitieron elevar la conciencia de oficiales que hasta ahora habían permanecido al margen de las actuaciones políticas públicas.
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Chávez, destacado en ese momento a una guarnición asentada en Caracas, se encuentra en el centro de la crisis de identidad profesional que viven los jóvenes militares venezolanos. Esta dinámica revive el viejo sueño de una logia militar Bolivariana, nacionalista y profundamente consustanciada con su pueblo.

El Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200) encuentra la situación política objetiva para desarrollarse como organización militar rebelde contra lo injusto, la corrupción y el entreguismo de los intereses nacionales al capital extranjero.

La Revolución Bolivariana no es un proceso nuevo, por el contrario constituye la síntesis de resistencia a la opresión y el poder constituido que ha librado nuestro pueblo contra la conquista, la colonización, contra el Fordismo y el Estado de Bienestar Keynesiano, contra las políticas imperialistas de sustitución de importaciones y reparto de los mercados y ahora contra el neoliberalismo.

La resistencia, el cimarronismo y el combate contra lo injusto constituyen constantes históricas sociales en Venezuela. Invariante de protagonismo comunitario, estudiantil, campesino, obrero y de profesionales que a partir de la década de los ochenta del siglo XX sé reconfiguran y posibilitan el avance más significativo que ha tenido la corriente histórica por el cambio en las últimas décadas.

Al respecto, Roland Denis, en fabricantes de la rebelión (2001), precisa que
“ Si hablamos de modos de resistencia, partimos de la idea que ellos se fecundan en la cotidianidad, en el día a día de la lucha por el derecho a ser, pero hay momentos en que desbordan estos límites y se convierten en una energía de intercomunicación entre los individuos; que en éste transito multiplican su fuerza de manera exponencial, haciendo que la realidad explote, reconociéndose ella misma, haciéndose constituyente y alternativa, y dando a conocer sus anhelos más profundos.

En nuestra opinión, un muy particular modo de resistencia obtiene su carta de nacimiento del 27-F. Ya no es una resistencia pasiva que actúa por inercia bajo simples mecanismos de autoconservación de la vida o resguardo de los derechos conquistados. Es un modo de resistir que salta de los lugares íntimos a la rebelión masiva, sellando en esta ruptura su modo extenso de ejercerse y guardando desde entonces una personalidad descaradamente subversiva. En la medida que se extiende, a la vez amplía su visión de poder, lo que le sirve para cualificar la diversidad de matices que componen el ideario revolucionario que le acompaña permanentemente. El enroque, arropamiento, fusión y conflictividad entre los fabricantes de esa rebelión y lo que finalmente obtendrá el nombre de “chavismo” es desde nuestro punto de vista la clave para comprender los límites de nuestra historia presente y poder desentrañar las posibilidades del futuro. . (2001, pp.11-12)


Recorrido que expresa, contiene y resume las más significativas experiencias de luchas populares, barriales, fabriles y lo más contestatario de la militancia de las organizaciones de izquierda que en los ochenta y noventa “hicieran agua” (por su política en dos aguas). Espiral de cambios que recrea la realidad construyendo espacios libertarios, cuyo horizonte apenas vislumbramos desde los límites de la propia Revolución Bolivariana.

En esa década (de los ochenta), que los neoliberales denominan perdida es innegable que las dinámicas de confrontación contra la explotación y las injusticias generaron espacios de encuentro y desencuentro entre la desobediencia callejera al status quo y los núcleos conspirativos en las Fuerzas Armadas que venían levantando las banderas contra la corrupción, el nepotismo y la entrega de los interese nacionales a los centros de capital internacional. El fruto de este empalme se vería años después con las fortalezas y debilidades de lo que hoy conocemos cómo revolución bolivariana.

Partida de Yulimar
En medio de la mayor explosión de iracundia popular conocida hasta la fecha Yoko fue sorprendida por una bala asesina. El 27 de Febrero 1989 muere Yulimar Reyes, estudiante de letras de la UCV. La muerte la sorprende a la altura de Parque Central, Caracas.

Yulimar era parte del cada día más inmenso contingente de jóvenes que asumiendo el compromiso social trabajaban codo a codo con una comunidad en la transformación de la realidad, de la cotidianidad opresora, creando espacios de libertad, de sueños. Trabajaba con los niños de Nueva Tacagua. Yulimar convertía desechos en hermosos personajes que habitaban el taller de títeres arrancando carcajadas y miradas de ternura a quienes consideraba su familia. Estudiaba, soñaba, luchaba y construía con su ejemplo la nueva alborada del porvenir bolivariano.

Yulimar era poesía solidaria hecha realidad. Fue uno de los primeros muertos del 27 de Febrero. La abrupta partida de esa joven libertaria marcaría la ruta de los sucesos de las horas siguientes. Las fuerzas policiales y algunos militares intentaron silenciar a un pueblo que cansado de tanta injusticia y explotación comenzaba a construir, ese sueño hermoso que hoy conocemos como la revolución bolivariana. La muerte de Yulimar y cientos de miles de venezolanos que cometieron el delito de protestar contra un paquete de medidas que los sumía en la peor de las miserias conocidas indicaba el grado de deterioro ético al que habían llegado los instalados en el poder. La doctrina Reagan se aplicaba desde el plano de la contrainsurgencia al de la del orden público.

Pero los instalados en el poder jamás pensaron que sus actos violatorios de los más elementales derechos humanos preñarían de contradicciones a los hombres y mujeres de los distintos componentes de las fuerzas armadas posibilitando el reencuentro entre militares y civiles al reconocerse parte de un mismo todo: el pueblo. Y allí estaban Felipe Acosta Carles y el propio comandante Chávez, destacados en la capital de la República, iniciando su peregrinaje de fusión con el pueblo. Integración de la cuál ya no se separarían en los años siguientes.

La agenda de los derechos humanos
La creciente represión contra los movimientos populares y políticos obligó al movimiento revolucionario a retomar con vigor tareas democráticas que estaban en un segundo plano. La agenda de los derechos permitía de manera genérica la defensa de las conquistas ciudadanas y avanzar en temáticas emergentes (género, ambientales, culturales, etc). Se multiplican un conjunto de esfuerzos en la materia. En ese periodo vimos resurgir a organizaciones como Amnistía Internacional y nuevas expresiones asociativas para la defensa de los derechos humanos como Provea, Aproa, Cofavic, entre otras muchas organizaciones no gubernamentales.

El caso de Cofavic es emblemático porque se crea para garantizar un castigo a los culpables de los desmanes de Febrero de 1989 y una justa indemnización a los familiares de las victimas del denominado Caracazo. En su conformación participaron numerosos luchadores estudiantiles y populares pero pronto daría un giro, enfatizando en el tema jurídico y económico, dejando a un lado la movilización como arma de lucha en derechos humanos. Recordemos que el tema de las indemnizaciones divide a los luchadores sociales en materia de derechos humanos.

Hay quienes señalan que un Estado que viola garantías constitucionales y humanitarias como el derecho a la vida propiciando ejecuciones extra judiciales debe ser castigado por los órganos jurisdiccionales nacionales y las instancias del derecho internacional. En este campo se ubican Walter Márquez y Liliana Ortega, para citar solo dos ejemplos.

Por otro lado se encuentran quienes consideran que la indemnización plantea riesgos éticos para la agenda de los derechos humanos además de plantearse un tema sensible en el marco de la lógica de mercado. En este segundo grupo se ubican luchadores como Hebe de Bonafini. Ciertamente el emerger de las luchas por los derechos humanos le permite a la izquierda venezolana recomponer y actualizar su agenda de propuestas democráticas. De estos movimientos provienen líderes del Chavismo como Tarek William Saab y Darío Vivas.

Conclusiones en Programa "En Confianza" Sobre el 27F:



Agradecimientos a Haiman El Troudi, Luis Bonilla y Roland Denis.

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