La seudoizquierda  

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Si no hubiera un tendal de muertos de por medio, daría risa la pretensión bufa de muchos opositores de que son gente de izquierda. Eso sí: de una izquierda «moderna», despejada de sus viejos vicios stalinistas, que rectifica, que aprende de sus errores, etc. Son la izquierda que se identifica, no sé por qué, con Lula, con Bachelet, con Kirchner. Será lo que atribuyen a esos dirigentes de vacilación derechista, las más de las veces imaginaria, pues estos seudoizquierdistas de la oposición venezolana solo tienen de izquierda lo que tienen a la derecha. Toda su actuación confirma que siempre se la pasaron mirando hacia la derecha, añorando, admirando, adulando. El sueño de sus varones era casarse con una niña mantuana y el de las niñas era ser como Carolina Herrera.
Si de verdad fuesen de izquierda, no conspirarían contra el gobierno que los pobres eligieron sino que trataría de convencerlos de rectificar. Supongamos, en beneficio de su argumento, que de verdad el pueblo votó erróneamente por Hugo Chávez. Está bien. Esas cosas pasan. Pero ¿por qué entonces conspirar? ¿No sería mejor persuadir, disuadir, seducir para que el electorado cambiara su orientación? No, en lugar de eso se consagran día y noche a denigrar sistemática y crudamente de aquel por quien la gente estuvo dispuesta a morir cuando salió a rescatarlo el 13 de abril de 2002, durante el golpe que estos seudoizquierdistas apoyaron con el mismo entusiasmo con que lo apoyaron las embajadas de los Estados Unidos y de la España de José María Aznar (ver comunicado conjunto de ambas embajadas haciendo clic aquí).
¿Cómo se convence a la gente de votar en otra dirección? ¿Apoyándose ruda y abiertamente en los más obvios planes de la CIA? ¿Reuniéndose con la que Henry Ramos Allup llama «la ultraderecha intransigente ultramontana y repugnante»? ¿Aliándose con los que también Ramos llama «lechuguinos, petimetres y maripositas»? ¿Respaldando a un candidato presidencial que habla de «cantos de ballena» y últimamente de un «muro contendor»? No me quejo de que Manuel Rosales no posea ni siquiera los rudimentos de la cultura ilustrada, sino de que tampoco cuenta con el considerable y hondo acerbo cultural popular del pueblo venezolano. El pobre se quedó sin el chivo y sin el mecate, es decir, como cierta clase media venezolana que solo cuenta con el centro comercial, Miami y los medios privados de comunicación (ver Origen de la clase media). Más nada. Con esa gente está aliada la seudoizquierda venezolana. ¡Qué izquierdismo tan derechista!
Siempre dije que lo que el MAS llamaba «el nuevo modo de ser socialista» no era más que el viejo modo de ser capitalista. José Ignacio Cabrujas se burlaba del nombre mismo de ese partido, Movimiento al Socialismo, y lo llamaba «el MAS de mis tormentos». La historia del MAS es parte de la historia de la derecha venezolana.
Y una preguntica para terminar: ¿por qué nunca el pueblo votó por ellos?

Roberto Hernández Montoya/rebelion.org

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