Alan García y su delirio represivo  

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Pablo Cárdenas, desde Lima, Perú .


Es evidente; el gobierno peruano está convaleciente de las permanentes jornadas de protesta nacional y éstas no son sino la expresión más notoria de una grave y creciente crisis social y política.

Interminables se han hecho las legítimas y naturales movilizaciones ciudadanas, producto de la política neoliberal excluyente del gobierno García, tan dogmática como tardía en el continente.

Esencialmente, ella consiste en que el bloque de derechas en el gobierno (fujimontesinistas, la cúpula aprista de Alan García y la derecha tradicional, en ese orden de dirección) no han podido a buen tiempo, convencer a la mayoría de la población de que la fórmula neoliberal es exitosa, ni siquiera que es la única posible.
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    Hace un año y medio
    En otras palabras, se ha terminado por imponer la verdad incontestable de que la llegada de García al gobierno en las elecciones presidenciales de hace un año y medio se produjo muy endeblemente.

    Casi la mitad del electorado (cerca del 48%) votó explícitamente, a través de la candidatura de Ollanta Humala, por un proyecto anti neoliberal, bolivariano y de refundación democrática (y esto sin contar la mínima pero igualmente significante desorientación de la izquierda tradicional que llamó a votar nulo).

    La mitad obtenida por García, en cambio, era endeble en dos sentidos, primero porque la mitad de ellos eran prestados por las derechas y segundo porque su mitad, la aprista, se basó en engaños, ofreciendo un programa similar al de Humala en varios puntos esenciales; el cual, a año y medio, ha sido completa y violentamente traicionado.

    Claramente, la apuesta fue: “podemos, a buen tiempo, y con el poder del gobierno y los medios de comunicación de la derecha, imponer una exitosa profundización neoliberal, haciendo pasajera la demanda anti neoliberal y de refundación democrática, arrinconando en la impotencia a la candidatura que la representó”.

    La primera parte funcionó; del “matrimonio por conveniencia y de emergencia” la cúpula alanista y las derechas pasaron al “amor verdadero”, se volvieron un bloque estable y su programa ideológico fue por completo el de las segundas. Conjuntamente, todas las lacras políticas peruanas, infiltradas en el movimiento de Humala, hicieron estallar parte de su bancada congresal y de su credibilidad.

    La segunda parte, claro, no funcionó, al menos no en la medida suficiente. De nada valió el disciplinado monologo del gobierno, sus medios y de los medios de comunicación masivos, devenidos en desembozado aparato de propaganda ideológica y política de la oligarquía. Por más que se repita cínica e indecorosamente que se empuja e impone la profundización neoliberal dependiente “porque ese fue el programa que votó la mayoría”, la realidad de hace un año y medio ha vuelto porfiadamente a imponerse, al punto incluso de que su propio partido, el APRA y sus históricas zonas de influencia muestran graves signos de desencanto, crisis y oposición.

    Lima, única ciudad, cuyos 3 millones de votantes, decidieron la elección (no sin la necesidad de fraude, para hacer pasar a García a segunda vuelta), sin y contra el resto de las provincias, donde Ollanta ganó holgadamente, es la última “fortaleza” de esta oligarquía neoliberal y entregada a los poderes fácticos extranjeros. Allí, bajo el riesgoso delirio represivo de García, se entercan ferozmente en aplicar el programa excluyente, desigual y generador inevitable de protesta social.

    El delirio represivo

    Y el gobierno y su bloque de derechas no han podido dejar de entrar en desesperación. Se trata de una convalecencia sin reposo, llena de malos presagios, grietas y contradicciones.

    Ante ello, García apuesta por la fuga hacia delante. Su carácter una vez más lo traiciona. A su ya conocida atracción fatal por la pena de muerte, hasta ahora fracasada; añadió sus decretos apurados y desesperados, de dudosa consistencia técnica jurídica, para criminalizar la protesta social y aún la mera oposición de autoridades legítimas regionales.

    Entre los más “innovadores” aspectos, los decretos declaran de antemano y con exclusión de investigación judicial independiente “inimputables” los daños que la policía y el ejército hagan a personas con sus armas de reglamento en situaciones de protesta o huelgas violentas.

    Un único y precursor caso de “Ley de impunidad” anticipada, cuya significación es comparable, en le época moderna, sólo a la creativa iniciativa institucional de los nazis alemanes.

    Otro aporte universal es la consideración de las autoridades de Estado (especialmente, presidentes regionales) que participen de movilizaciones sociales y huelgas como “extorsionadores” sujetos a sanción penal. Ambas medidas, además de otras de índole similar, contenidas en los decretos desafían cualquier calificativo y hablan por sí solas.

    El resultado, decenas de muertos en lo que va de año y medio de gobierno, todas en medio de legítimas manifestaciones ciudadanas de descontento.

    Todos somos CCB

    Ahora, en una última guinda de la torta, hace detener ilegalmente a siete ciudadanos/as peruanos, al regresar de un evento político internacional en Quito, Ecuador: el Segundo Congreso Bolivariano, que reúne a organizaciones de izquierda radical de más de veinte países de América Latina y el Caribe. Según la versión oficial, su asistencia a este evento es “prueba” de terrorismo. Es decir, retoma las ya famosas y desprestigiadas normativas de persecución de ideas de Pinochet en Chile y Fujimori en el Perú.

    En el delirio, el gobierno García pasa por encima del hecho objetivo que el evento se realiza pública y abiertamente, bajo el auspicio de un gobierno legítimo y democrático, así como que ningún otro país involucrado llevó adelante ninguna acción contra sus ciudadanos/as asistentes.

    ¿Puede haber una prueba más evidente y más incontestable de la insoportable soledad del delirio represivo de García en la Región? ¿Acaso ignora que por este medio, implícita e inequívocamente, está acusando de “cómplices” del supuesto terrorismo a todos los demás gobiernos de la región?

    Nadie debe llamarse a engaño

    Independientemente de las opiniones y discrepancias políticas que puedan o no existir con este Congreso Bolivariano, se trata de una acción que corona un delirio represivo que nos afecta a todos, no solo peruanos, sino de América Latina y el Caribe en su conjunto.

    Está en juego, no sólo la libertad de estos ciudadanos ilegalmente detenidos y ridículamente acusados, sino la de todos nosotros, en tanto ciudadanos con derechos. Empezando por el elemental derecho a la oposición, a pensar sin miedo, sin ser rebajado a la calidad de siervo asustado, sometido por el miedo al castigo arbitrario.

    En ese sentido, urgente, ético, crucial, de vida o muerte, TODOS SOMOS CCB.

    La fuerza de la ética

    En este punto, cabe decirlo con todas sus letras, lo único que el gobierno puede tener a su favor es la incapacidad de las fuerzas opositoras para sostener la convergencia nacional, amplia, generosa, superando las pequeñeces e intereses personales, de grupo, sectoriales o regionales, para hacer insostenible el débil andamiaje neoliberal dependiente e imponer la refundación democrática y la redistribución económica que la crisis estructural demandan.

    Es decir, sólo pueden salvarlo, como ocurrió con Toledo, la pequeñez e incapacidad de sus opositores. Así lo intuye el propio García cuando consultado por la última desastroza encuesta, contesta que es “un muy buen resultado… comparado con Toledo”. Seamos justos, ¿Qué otra cosa puede ya decir?

    ¿Se harán cargo y asumirán sus responsabilidades los viejos y nuevos líderes de la oposición? Eso está por verse.

    Pero cada ciudadana y ciudadano puede y debe hacer lo suyo, mantener vivo el derecho básico y mínimo a la humanidad, a las ideas, a la oposición. Cada cual está enfrentado a la encrucijada de dejarse rebajar por el miedo o hacerse valer en el derecho. Se trata de una cuestión esencialmente ética, más que política.

    En ello se juega el Perú que heredaremos a nuestros hijos: retrotraído a las oscuras épocas de la inquisición medieval o abierto a la construcción de horizontes más libres, más humanos, más justos, más incluyentes.

    Vamos a hacer la diferencia.

    pablocardenas8@hotmail.com

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