SUBVERSIÓN: La verdad no se discute se lucha por ella  

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... Contra el Debate, la Polémica.
Habita en nosotros este afán chocante, imposible de representar, que nos hace insistir en la lucha y exigirle a la verdad convertirse en victoria. Así es una revolución, sólo puede saber cuál es su autenticidad después de triunfar. Todos pensamos, todos opinamos, todos tratamos de defender una certeza en medio de una coyuntura que no espera por nosotros. Mientras tanto, la falsa democracia nos pide que “respetemos las opiniones ajenas”. En apariencia no hay nada más justo que este imperativo, pero, al otorgarle la misma legitimidad a todos los pensamientos y opiniones, suponemos, al mismo tiempo, la absoluta equivalencia de las ideas, la inequívoca indeferencia del pensar hacia lo real, la impotencia del decir hacia las cosas y, en especial, la postergación infinita de la acción política para transformar la realidad hasta alcanzar un acuerdo puramente conjetural.

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    Esa es la promesa del liberalismo o, lo que es igual, de la democracia representativa; cuya representación no es sino la puesta en escena de un poder que no se tiene, de una verdad que no se decide, de un debate que se ejerce sin trascendencia. La propuesta de esta democracia solamente verbal, o de la democracia únicamente teatral o representativa consiste en proponer un debate “para que el pueblo elija” quien tiene la razón. Al punto que, como se patentiza en la visión anglosajona del Estado, pueblo y público pasan a ser la misma cosa, haciéndose sinónimos de una obra dramática que rápidamente trasmuta la escena democrática en obscenidad televisiva. El debate busca “convencer al pueblo”, sabiendo de antemano que convencer significa vencer con la propia complicidad del vencido.

    El incierto fundamento del liberalismo político y su democracia palabrera
    ¿Es cierto que debemos respetar las “ideas ajenas”? ¿Quién decide que una idea es mejor que la otra, que una ideología es superior a las demás? ¿Yo? ¿Usted? ¿Nosotros? ¿Nosotros quiénes? ¿Es más legítimo acaso postular que todas las ideas son igual que suponer que hay ideas buenas y malas? ¿Es verdad que cada quien puede ejercer el derecho que tiene a pensar como mejor le plazca? Y, ¿a cuenta de qué? El liberalismo político tiene una respuesta para todas estas preguntas: libre y soberano, el individuo tiene su propia verdad, con respecto a la cual todas las demás verdades son relativas o periféricas. Por ello, sin importar que el universo sea infinito y descentrado, la conciencia individual, no obstante, se erige en centro gravitatorio de todos los mundos posibles. Porque para el liberalismo capitalista, la verdad, como si fuera un inmueble o un electrodoméstico, es un asunto exclusivamente privado: debemos ser los supuestos patronos de nuestras ideas y nuestros sueños, del mismo modo en que, se supone, somos los únicos responsables de nuestras pesadillas. Esta es la suprema fe que domina al mundo desde que la Revolución Francesa bautizó, con abundante sangre noble y plebeya, la naciente modernidad civilizadora, mientras veía morir el mundo antiguo entre fantasmas y quimeras honorables. Hoy, ya nadie se atrevería a rebatir, sin que le descalifiquen de antemano, que no hay inmanencia alguna entre opinión y libertad, entre lo que se dice de hecho y lo que, en realidad, se quiere decir.

    Nosotros creemos que es al revés, quien es libre no discute su libertad, no busca argumentos de convicción ni se entrega a la duda metódica de las mentes escépticas.

    Parece un chiste, pero si “cada cabeza es un mundo”, como es posible que vivamos en sociedad. ¿Cómo nos pusimos de acuerdo para existir uno al lado del otro? La libertad es de hecho, no de derecho. Todo aquello que por simple derecho postula su propia libertad, no puede ser más que el acicate de delirios claramente forjados. La libertad genérica e inocua hecha de puro derecho, es, por inocultable, la usurpación más clara de la soberanía real de los sujetos concretos. Nadie puede darme el derecho a decir sin que a la vez decida por mí cual es mi derecho.

    Este mercado de libertades se manifiesta difusamente en el supuesto derecho inherente de la personas a ser unos infatigables debatidotes. Esta vana ilusión del debate democrático viene siempre muy bien apostillada por la consiga “mi libertad termina dónde comienza la libertad de los demás”. Se trata de la libertad “inalienable” de pensar como nos venga en gana y de expresarlo siempre y cuando los demás puedan hacer lo propio. No obstante, en el mundo abstracto de los derechos formales no existen causas, dimensiones ni contextos. Menos aún, personas de carne y hueso. Sólo, como venidas de ultratumba, las voces fantasmales de un mundo irreal pueden hablar libremente, pues las palabras ya no valen nada, la realidad se enajena del discurso y la “libertad de expresión” se convierte en síntoma del sometimiento real a una estructura muda, que inalterable, se burla en su silencio de nosotros. La fábula del “buen salvaje” ha traspasado los límites blancos de una Europa que ya no existe, para mostrarnos, a nosotros, salvajes auténticos, las buenas costumbres del diálogo, práctica que supone concentrar todas las virtudes de la civilización liberal, basada en individuos soberanos y responsables. La conciencia individual, se vuelve así, el alfa y la omega de un mundo infinito en tamaño pero inmensamente limitado, a su vez, por la estrechez de una mente porfiada en sus opiniones y egoísta en sus deseos. El liberalismo nos da el derecho de decir lo que pensamos, puesto que lo que pensamos no es más que una diferencia que se repite en los estándares de la impotencia. Es como si nos dijera: “las leyes del capitalismo, como del resto de la naturaleza, son inmutables, así que hable Usted de lo que quiera que igual no va cambiar nada.” La libertad de expresar nuestras ideas, ocurre, entonces, en la patencia de que ya no tenemos ideas; pues las ideas no son, como supone el capitalismo, lo contrario de la realidad, mas son la realidad misma en tanto se encuentra en estado de posibilidad o de potencia.

    Esta libertad de expresión, en el mundo liberal de palabras e ideas relativas, nunca será, a su vez, expresión de lo real. Dicho de otro modo, como nadie tiene la razón, todos pueden expresar su verdad. La economía política de la libertad, bajo el capitalismo, más que suponer el “fin de la Historia”, sentencia el fin de la civilización. Dado que el individuo abstracto es el soberano también abstracto de “su punto de vista”, pasado y futuro son la repetición contaste de una paradoja que se confunde con el origen mismo de la sociedad. La estupidez, el marasmo de la palabrería constituida es el equivalente “superestructural” de la nadería constituyente de quienes se libran a la lucha “a muerte” en la ridícula batalla de la “acción comunicativa”, como si la falta en el mundo de asambleas, de debates, de acuerdos y compromisos fueran la causa última de tanta guerra y tanto mal que asola a la humanidad. ¿Es la humanidad, acaso, este aquelarre inútil que nos pinta la democracia burguesa?
    Desde el punto de vista de los derechos humanos, de la libertad de expresión, de la crítica racionalista y del debate infinito somos “más humanos” a medida que dialogamos y más salvajes –o terroristas o fundamentalistas, si usamos los nuevos vocablos del poder– en la medida en que no queremos discutir “nuestra verdad”. No por casualidad, entonces, en pleno apogeo de la libertad de expresión surgen los conceptos de “lo políticamente correcto” y de “apología del terrorismo” como llaves maestras de la exclusión comunicativa en la actual coyuntura global. Para la democracia liberal-burguesa, la esencia del hombre es la de ser un “animal discutidor”. El liberalismo, entre otras fábulas, se concibe así mismo como la lucha del individuo, desde el remoto origen de la humanidad, con el fin preestablecido de poder “expresar libremente sus ideas y opiniones”. Permítasenos, rápidamente, resumir así esta paradójica visión fantástica:


    «Hace mucho tiempo, en el yermo frío paleolítico, cada quien pensaba por sí mismo, hasta que un día alguien se aburrió y quiso comunicarle al vecino sus apreciaciones del mundo y sus ideas sobre la vida. Lamentablemente, este pionero de la comunicación, se dio cuenta de inmediato que no podía hacerlo porque no compartía con sus pares una lengua común. Entonces, pensó que, a lo mejor, hacía falta primero inventar dicho idioma, aunque, por supuesto, este idioma por crear no podía ser suyo nada más porque obviamente no serviría para nada. Ante tan difícil reto, regresó con desilusión a la soledad de su cueva. En la oscuridad de la noche prehistórica, de pronto, este pobre homo sapiens tuvo la horrible certeza de que nada sabía y graves preguntas le asaltaron y desazonaron: ¿De dónde vengo? ¿Qué hago yo aquí? ¿Cómo pudo mi padre seducir a mi madre si no comparten palabras? ¿Será que la tomó por la fuerza y no la sedujo como se debe? ¿Será que soy el hijo del estupro, del salvajismo y de la apropiación originaria de los bienes? Y al formular esta última hipótesis, un sentimiento de indignación se apoderó de su alma. Como un relámpago, el terror atravesó de golpe todo su ser. Se dijo a sí mismo, con sus propias palabras que nadie más conoce: No, no puede ser, ¡si yo soy una persona decente! No quiero hacerle mal a nadie ni imponer por la fuerza mis ideas, ni violar los derechos del otro ni, siquiera, irrespetar sus genuinas opiniones. ¡Ay, desdicha! ¡Qué horrible es ser un hombre! Hasta hace poco, cuando éramos apenas unos monos, las cosas eran más fáciles, la vida era más espontánea, natural y dichosa. Todos nos entendíamos mientras nos paseábamos por las ramas, todos nos acicalábamos y nos quitábamos las pulgas gentilmente sin prejuicios ni vergüenzas. ¡Éramos mejores ciudadanos cuando éramos simples animales! El olfato era nuestra vista; todas las hembras eran bellas con tal que oliesen bien y los machos sólo peleábamos una vez al año, si es que era preciso, para saber quién sería el papá de los monitos y además lo hacíamos sin humillar u ofender ni, mucho menos, violar las garantías fundamentales de los individuos de nuestra condición simiesca. ¡Hay que ver hasta dónde hemos llegado! Si seguimos así, vamos a perecer como especie antropomórfica. Es necesario, a toda costa, realizar una asamblea de hombres sapientes y libres. Sí, sí, esa es la única solución, primero debo convencer a los demás de inventar un lenguaje para poder discutir. ¡Eso es! ¡Haremos una asamblea constituyente, la primera del cosmos! Al final de la discusión quién tenga la razón, según la opinión calificada de las mayorías, dictará las leyes de la comunicación, primero, y, después, las leyes de la sociedad en general y, de este modo tan humano y civilizado, todos podremos expresarnos, como es nuestro derecho natural, sin violencia y sin atropellos, por la voluntad de la mayoría y con absoluto respeto por las minorías. ¡Viva la evolución! ¡Viva la democracia! ¡Viva la libertad de expresión!

    La soberanía de la palabra verdadera
    Antes de que alguien acuse a los demócratas, a los ilustrados e iluminados, a los liberales y a nosotros mismos por contar malas anécdotas, que se nos permita concluir con la moraleja: todo acuerdo presupone una decisión, toda discusión implica ya una soberanía. Esta es la verdad de toda acción realmente revolucionaria. La sociedad nos inventó a nosotros, nosotros no pudimos crear la sociedad, porque nunca nos hubiésemos puesto de acuerdo. Y lo anterior supone que antes de la sociedad, cuya etimología sugiere una colectividad de socios libres, vivíamos, pensábamos y decidíamos en común. La comunidad antecede a la sociedad, como la palabra a la expresión. Por eso, nosotros decimos: ¡Basta de debate! ¡Basta de discutir ideas que sólo nos interesan a nosotros!
    Decimos sí a la polémica genuina, que a diferencia del debate, no supone ni un moderador ni, mucho menos, un espectador imparcial, distante y estólido, que tendría “la última palabra” que no llega nunca.

    Alguien podría también acusarnos de dogmáticos e intransigentes; “Sería su derecho a disentir”, diríamos nosotros si fuésemos sobradamente cínicos y no lo suficientemente canallas. La verdad es que el único dogma de nuestro tiempo, el último tabú de la democracia representativa es el debatismo. La discutidera que ahoga la lucha, de las ideas o no, en el mar inconmensurable de las opiniones, aunque legítimas –“¿cómo no?, bien pueda”–, estériles porque deben “respetar” sus antípodas. Reaccionarios y revolucionaros, en las “vueltas que da la vida”, en las revueltas del mundo, al menos coincidimos en un punto, y ese punto es nuestro absoluto desprecio por aquello que Donoso Córtes llamaba sin ambages “la clase discutidora”: la clase política que conforma la burguesía como figura dominante de la Historia. Porque –es bien sabido ya– la dominación viene a ser física en última instancia; antes de la represión del cuerpo, la dominación es lógica. El debate de las verdades sólo afirma la verdad del debate y esta verdad no es otra que la impotencia dada por la aniquilación reciproca de los conceptos en su pugna.
    Que el debate, como en la televisión, sea anterior a la verdad es la esperanza última que oculta el capitalismo como designio eterno, pues, ¿qué más acumulación de recursos que el debate capitalice o subsuma todas las verdades para sí? Debatir las verdades viene a ser lo mismo que escoger la ideas, y tomar o rechazar las ideas es una operación muy parecida a aquella otra de elegir que producto comprar en la amplia oferta del mercado. Todos los debates actuales son de la forma Coca-Cola o Pepsi. Incluso la oferta entre “derecha” e “izquierda” repite incansablemente la concepción de la libertad en tanto “alternativa” de los sujetos; palabra que, no por nada, suena muy parecido a aquella otra de “alternatividad”. De hecho, que el “socialismo”, aunque sea “del siglo XXI”, se plantee en términos “alternativos”, y no de superación real de condiciones de dominio, supone ya un triste síntoma de que en su sustancia incluye la imposibilidad de un progreso cierto con respecto a las tesis de la democracia no participativa.

    No cabe ignorar, sin embargo, que el diferendo liberal, plasmado en el debatismo de nuestra época, es también el signo que la humanidad es una multiplicidad sujetiva que políticamente se expresa como multitud indomable y como bullicio de singularidades irreducibles. Lejos de ignorar este hecho, nosotros nos hacemos una voz más en el eco de voces que escapan de los coros de las mal llamadas “bases populares” tanto como lo hacen de los corifeos que pretenden guiar en vano su abigarrado canto.
    No nos oponemos a la idea misma de discusión; nos oponemos a la noción de autoridad que todo acuerdo asambleario pueda ejercer sobre la verdad. La verdad es autónoma, en última instancia, con respecto a toda autoridad. Justamente, la revolución, a desprecio de la máxima fundacional de la política de dominación, debe, al menos, lograr que la verdad, y no la autoridad, justifique la existencia del Estado.
    Al igual que nuestro primer hombre de la historieta parlamentaria, Prometeo no pudo debatir con los dioses para darle el fuego a los hombres, pues los dioses por mayoría hubiesen ganado al decir: “no nos parece”. Así también, Sócrates siempre luchó para salvaguardar la verdad de los debates espurios, Cristo no parlamentó con el Sanedrín.

    Editorial Página Subversión


Inteligencia boliviana devela plan para derrocar a Evo Morales  

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La inteligencia boliviana, develó un documento firmado por el movimiento separatista Nación Camba, que implica un plan para derrocar al gobierno de Evo Morales sembrando el caos y la desestabilización social.
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    Los Servicios de Seguridad de Bolivia descubrieron un documento de la denominada "Nación Camba", una agrupación separatista de los departamentos de Pando (norte), Beni (noreste), y Santa Cruz (centro este), en el que se plantean objetivos para generar hechos de violencia que derroquen al gobierno del presdiente Evo Morales.

    El proyecto, firmado por la "Nación Camba", consta de cuatro pasos, según el informe de la inteligencia boliviana; siendo la primera meta el apoyo a los manifestantes universitarios de Sucre, capital oficial, para hacer fracasar la Asamblea Constituyente.

    Para esto el texto Camba recomienda "el tema de la capitalidad plena, de manera que Chuquisaca enarbole esta justa aspiración y se enfrente a La Paz (…) Apoyaremos plenamente con asesoramiento y presencia de gente de choque de la Juventud Cruceñista. Con lo que ganamos otra región para nuestra causa".

    El segundo paso es "abrir otro frente de batalla", entre los departamentos de Oruro (suroeste) y Potosí (sur oeste), planteándose instar al Comité Cívico potosinista a que solicite el traslado de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) y el Ministerio de Minería a este departamento.

    "Para nuestro objetivo final, debemos abrir otro frente de batalla. Esta vez centraremos nuestra atención en Potosí y Oruro. Debemos instar al Comité Cívico potosinista para que plantee el traslado de la Comibol y del Ministerio de Minería a Potosí, con lo que se abre un conflicto entre Potosí y Oruro que también tiene esta aspiración", añade el documento.

    En este sentido, la Nación Camba explica que para poder crear los enfrentamientos entre Oruro y Potosí "debemos tumbar al actual presidente del Comité Cívico de Potosí (Comcipo), ya que no es partidario de nuestra causa. Los principales peones en esta jugada serán las cooperativas mineras, que tiene intereses en conflicto con la actual Comcipo, los dirigentes de la Universidad Autónoma Tomás Frías (UATF) y por supuesto los empresarios privados", añade el supuesto plan desestabilizador publicado por el Gobierno de La Paz.

    De acuerdo con el reporte, los opositores prevén que una vez iniciado el conflicto entre ambos departamentos, el Ejecutivo se incline por alguno de ellos, que esperan sea por Oruro "luego la región perdedora pasará a nuestro justo lado", enfatiza.

    El tercer paso, implica la agudización de medidas para poner en jaque a la administración Morales, como el movimiento por la autonomía de las regiones, para lo cual convocarán a paros cívicos y "movilizaciones permanentes" en las siete regiones que estarían bajo el control de la Nación Camba : Santa Cruz, Beni, Pando, Chuquisaca, Tarija, Potosí y Cochabamba (centro).

    "Con esto crearemos un clima de inestabilidad que degenerará en violencia callejera, la cual debe tener víctimas para utilizarlas como bandera para nuestra causa", apunta el plan.

    Por ello, "cuando la presión sea intolerable, el Gobierno caerá por gravedad. Pero se debe enfatizar que la renuncia sea total, no queremos al Vicepresidente. El Gobierno debe quedar en el presidente de la Cámara de Senadores, eso es muy importante", afirma el documento atribuido a la "Nación Camba".

    Para reactivar la petición de autonomía, contarán con el apoyo de activistas universitarios, al Poder Judicial y al Parlamento "que exigirán el respeto a la Constitución y las leyes".

    Una vez derrocado el Gobierno, la Nación Camba debe buscar como cuarto paso, un "indio útil" para que se postule como presidente en las elecciones generales que serán convocadas. Su postulado será el alcalde de Potosí, René Joaquino Cabrera.

    "Se debe convocar a elecciones generales, pero ¿Quién será nuestro candidato? ¿Jorge Quiroga? ¡No!; no sirve, no ganará nunca. ¿Samuel Doria Medina?, para nada. ¿Rubén Costas? sería ideal, pero los collas no votarían por él", señala el documento.

    "Entonces ¿a quién escogemos? Pues existe un indio que nos puede beneficiar, un tonto útil que nos viene de anillo al dedo ¿Cuál es su nombre? René Joaquino Cabrera, ¡Sí! es el alcalde de Potosí. Hasta la bandera de su partido (AS) es del mismo color que la nuestra. Con él ganamos en los lugares collas y los apoyamos fuertemente en la Patria Camba", dice el enunciado.

    "Una vez que gane, estableceremos todo el entorno gubernamental copado por nuestra gente, de manera que Joaquino sea el Presidente, pero los que gobiernen seremos nosotros", concluye.

    Nación Camba: Culturalmente superiores

    El movimiento "Nación Camba", busca una "autonomía radical" de los departamentos de Pando, Beni y Santa Cruz, que juntos suman 70 por ciento del territorio boliviano. Consideran que sus habitantes son cultural y económicamente superiores al resto del país, a pesar de representar sólo 30 por ciento de la población.

    Rechazan la cultura indígena a la que se refirieron de la siguiente manera en una carta abierta a la Organización de Naciones Unidas (ONU): "Ante los ojos del mundo, el país oficial Boliviano se presenta como una sociedad predominantemente andina, aparentemente monolítica, tradicionalmente bloqueada, mentalmente mediterránea, definitivamente miserable (70 por ciento de pobres), inestable, revoltosa y donde prevalece una sola cultura: la cultura Aymara-quechua, la que se nos trata de imponer como la cultura oficial del Estado, a través de un execrable colonialismo interno".

    Movimientos sociales defenderán democracia

    El ministro de Gobierno de Bolivia, Alfredo Rada, dijo que el gobierno boliviano está atento a la estrategia de desestablización propuesta por "Nación Camba" y confió en que "no va a prosperar".

    En entrevista exclusiva con TeleSUR, Rada confirmó la autenticidad del documento "es un documento de una organización de ultraderecha (...) al parecer tenía un carácter interno (...) que ha sido detectado por los servicios de la Policía Nacional de Bolivia", dijo.

    Asimismo, adelantó la contraofensiva gubernamental ante los proyectos opositores. "Lo primero es generar toda una conciencia nacional de rechazo a todos estos afanes desestabilizadores", agregó.

    La segunda respuesta de las autoridades bolivianas será el fortalecimiento de las instituciones democráticas, como la Asamblea Constituyente. "Es una institución profundamente democrática que va a ser defendida no sólo por el gobierno nacional, sino por los movimientos sociales en nuestro país", acotó.

    Además detalló que las movilizaciones populares también defenderán la democracia, como la marcha prevista para el próximo lunes hacia la capital oficial, Sucre, donde se espera participen 50 mil campesinos, indígenas y movimientos populares que defenderán la Asamblea Constituyente.

    "La movilización de sectores populares que van a defender el proceso democrático y de transformaciones que vive Bolivia y van a defender la continuidad de la Asamblea Constituyente". señaló.

    Según Rada, quien aseguró que el país se encuentra en total normalidad, varios de los "pasos" del plan ya se están aplicando en la actualidad, como las protestas violentas ocurridas el jueves en Sucre, contra la reanudación de las sesiones de la Constituyente, suspendidas desde hace dos semanas por las protestas.

    mm - Abi / YR / TELESURTV.NET


¿Existe acaso un Socialismo Plesbicitario?  

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Un día Stalin hizo comparecer al camarada Radek, que era bien conocido por su cinismo y dado a decir cosas que otros ni siquiera se atrevían a pensar. Stalin le dijo: “Me han informado camarada Radek, que te expresas de mi de un modo irónico. ¿Has olvidado que soy el líder del proletariado del mundo?” “Discúlpame camarada Stalin – replicó Radek - , ese chiste en particular no lo inventé yo”.

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    Estos chistes encierran las lecciones de las situaciones en las que el autoritarismo hace intolerables los principios jerárquico-militaristas, cuando anulan la vitalidad democrática del movimiento de movimientos del campo nacional-popular. El socialismo no será obra de un genio individual, aunque así lo crea subjetivamente el genio, sino que es producto de una creación heroica de una “voluntad colectiva” (Mariategui), fruto de una secuencia de acontecimientos de masa, de multitudes de singularidades revolucionarias, de cada proletario y proletaria que reviente las cadenas de la sumisión, como decía Rosa Luxemburgo. El tono cesarista, las imágenes piramidales, el fetichismo a la línea y cadena de mando, con toda la violencia de los símbolos sociales, reaparecen en el imaginario de la revolución, pasando velozmente de la profundización-radicalización de la democracia a la tesis de licuar el poder abajo para concentrarlo arriba (Ceresole dixit).

    Quienes suponen que solo basta proclamar un gobierno socialista y después introducir el socialismo con decretos o legislaciones se equivocan. En América Latina existe una errancia con relación a concebir el cambio social como un asunto legal. Tampoco el poder popular y la democracia de consejos se construyen de esta manera. Una revolución socialista es una obra colectiva, de una inteligencia general, de un intelectual colectivo, que escapa a la discrecionalidad de cualquier “líder fundamental”. Nadie duda de la necesidad de una dirección política recubierta de un amplio liderazgo intelectual y moral. Allí está el asunto. El problema es que se suponga que el esquema de liderazgo es un calco y copia de la conducción de una montonera en tiempos de revolución federal. Ya las arengas dejan de cumplir su eficaz cometido cuando se trata de proyectar y concretar algo cualitativamente distinto: se trata de la construcción del socialismo en el siglo XXI desde el pueblo, junto al pueblo, y para el pueblo; es decir, un socialismo radicalmente democrático. Convocar la alienación plesbicitaria encierra un peligro de fondo y forma reaccionario. Todos sabemos que la lógica plesbicitaria es ajena a la lógica democrática de un referendo popular, que presupone la deliberación informada y una calibración distinta de las pasiones. La alienación plesbicitaria encierra una debilidad de la madurez de la autonomía de la multitud como movimiento revolucionario. Una cosa es suponer que el principio estratégico es el poder constituyente, la soberanía popular, el táctico: la legalidad constitucional y el operacional, el rol del liderazgo. Pero otra cosa, es suponer que pasar a invertir esta ecuación: el operacional: el poder constituyente, el táctico: la legalidad constitucional y el estratégico, una suerte de culto-fascinación a la voz infalible del líder.

    Ya es conocida la sentencia de que las revoluciones se devoran a sus hijos como Saturno. Lo que no se ha dicho es que las revoluciones pueden degenerar y devorar a sus padres fundadores. No olvidemos el efecto Robespierre y la suerte de los jacobinos franceses. Una minoría, e incluso el Uno infalible, por más selecta o iluminado que sea, cuando anula o tutela la potencia de la iniciativa popular, pasando a sustituirla, le abre la puerta al terror termidoriano, que viene preparando su contraofensiva bajo la sombra de los errores de los genios esclarecidos.
    Por: Javier Biardeau R

Formación Comunal en Lara  

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Para ofrecer capacitación a los integrantes de los consejos comunales, las autoridades del estado Lara inauguraron este jueves la primera Escuela de Formación Comunal en Barquisimeto estado Lara al occidente de Venezuela.

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Proponen disminuir la edad para el derecho al sufragio  

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Llevar a 16 años la edad mínima para ejercer el derecho al sufragio propusieron un grupo de jóvenes a la comisión especial de la Asamblea Nacional (AN) que estudia el Proyecto de Reforma Constitucional.
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    “Los jóvenes proponen que se modifique el artículo 64 de la Constitución y que se rebaje la edad para ejercer el derecho al sufragio de 18 a 16 años”, informó el presidente de la República, Hugo Chávez Frías, durante el acto de juramentación de los comités de defensa de la reforma constitucional realizado este sábado en el Teatro Teresa Carreño, de Caracas.

    Este cambio comprendería la modificación del artículo 64 de la Carta Magna, el cual establece que la edad mínima para ejercer el voto es de 18 años. “Es una propuesta de la juventud”, subrayó el Presidente.

    Chávez expresó que en la medida que vayan surgiendo más propuestas, la AN determinará cuáles irán al texto definitivo de la reforma.

    Ante las propuestas que van surgiendo 'la Asamblea Nacional se encargará de estudiarlas, articularlas e incluirlas o no en la propuesta. Se pueden ampliar, perfeccionar”, expresó el Jefe del Estado.

    Por otra parte, Chávez subrayó la importancia de que la propuesta sea validada en referendo por “aplastante mayoría”. ABN


ELECCIONES 2007: Recetas contra el crimen  

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Un total de 5,9 millones de guatemaltecos podrán acudir a las urnas el 9 de septiembre para elegir presidente entre 14 candidatos, así como vicepresidente, alcaldes y diputados. De no lograr más de cincuenta por ciento los sufragios, los dos postulantes más votados acudirán a una segunda vuelta el 4 de noviembre.
La reestructura y depuración de los aparatos de seguridad del Estado, el aumento de efectivos y la transformación del Poder Judicial son propuestas coincidentes de los principales candidatos a la presidencia de Guatemala, un país azotado por una violencia creciente.

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    La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) expresó este viernes en un comunicado su preocupación ante "un notorio incremento del crimen organizado, la criminalidad y la violencia contra las mujeres, el recrudecimiento de las acciones en contra de los defensores de los derechos humanos y la impunidad imperante".

    La CIDH exhortó al Ministerio Público (fiscalía) a investigar de forma "seria y exhaustiva" los "más de cincuenta asesinatos a candidatos, activistas políticos y familiares, atribuidos a móviles políticos" ocurridos durante esta campaña, ya en recta final hacia las elecciones del 9 de septiembre.

    "Hay que reestructurar todas las formas de seguridad", dijo el jueves en un foro televisado Álvaro Colom, candidato de la centroizquierdista Unión Nacional de la Esperanza y primero en las encuestas de intención de voto.

    "Guatemala quiere salir de la onda de terror. La delincuencia no es sólo persecución y justicia, sino que tiene su origen en la pobreza y la marginación", expresó Colom en el foro coproducido por la cadena de noticias estadounidense CNN en Español y el guatemalteco Canal 3 en el que participaron los cinco principales rivales de la contienda.

    Datos del Instituto Nacional de Estadísticas indican que 51 por ciento de los 13 millones de guatemaltecos viven en la pobreza, una condición que afecta a más de 70 por ciento de la población indígena.

    A la pobreza se suma la corrupción, el crimen organizado y la violencia en todas sus formas, contra mujeres, activistas de los derechos humanos y ejecuciones extrajudiciales.

    Sólo en el primer semestre de 2007 se cometieron 2.857 homicidios, en su mayoría con armas de fuego, según informes oficiales.

    El general retirado Otto Pérez Molina, postulante del derechista Partido Patriota, afirmó que, de llegar al gobierno, aumentaría en 50 por ciento los efectivos de la policía y emplearía al ejército en la lucha contra la delincuencia.

    Pérez Molina, a quien las últimas encuestas sitúan en segundo lugar recortando distancias con Colom, anunció que "una de sus primeras acciones" sería la aprobación de una iniciativa de ley, que actualmente estudia el Congreso legislativo, para facultar al primer mandatario a ejercer el recurso de la gracia, necesario para aplicar la pena de muerte vigente en este país.

    En Guatemala existe una moratoria de hecho de las ejecuciones desde que el ex mandatario Alfonso Portillo derogó en 2001 el decreto 159, que otorgaba el poder de gracia o indulto al gobernante. Veintiún reos esperan desde hace años en las cárceles guatemaltecas debido a este vacío legal que impide las ejecuciones, pero no los libra de la condena.

    "Es un disuasivo (la pena de muerte) para frenar la delincuencia", aseveró Pérez Molina, cuyo eslogan de campaña es "mano dura" contra la delincuencia.

    Colom aprovechó el foro para criticar ese abordaje y pedir que "se sustituya una mano dura por una mano solidaria".

    La candidata indígena por el centroizquierdista Encuentro por Guatemala, Rigoberta Menchú, quinta según las encuestas, propuso la depuración del sistema de justicia y penitenciario, la capacitación adecuada de los policías y la creación de un Ministerio del Interior de Seguridad Ciudadana.

    Para Alejandro Giammattei, candidato de la gobernante y centroderechista Gran Alianza Nacional, el problema radica en los altos grados de impunidad y, por ello, propone la reestructuración de la Policía Nacional Civil, del Ministerio Público y del Poder Judicial, y su "total depuración".

    "Derrotar la inseguridad pasa por reestructurar la justicia del país", subrayó Giammattei, quien consideró también fundamental un "efectivo control sobre las armas" que circulan en el país.

    Los últimos sondeos de intención de voto reflejan la ventaja de Colom, seguido de Pérez Molina, Giammattei, Menchú y Eduardo Suger, postulante del derechista Centro de Acción Social.

    Suger se mostró partidario de la "despolitización del organismo judicial" y consideró necesaria una "transformación total de los ministerios". Además, aprovechó para criticar la creación y aprobación legislativa de la Comisión Internacional Contra la Impunidad (Cicig), que consideró "uno de los eventos más dramáticos que han sucedido en el país", ya que presupone la debilidad del Estado para enfrentarse al crimen.

    La Cicig, un organismo integrado por expertos independientes internacionales y nacionales, es fruto de un acuerdo entre la Organización de las Naciones Unidas y el gobierno, que pretende reforzar el sistema de justicia de este país centroamericano.

    Cifras de la Comisión de la Mujer del Congreso revelan que en lo que va del año han sido asesinadas 271 mujeres. Sólo en 2006, las muertas fueron 603, 16 por ciento más que el año anterior, indican datos oficiales.

    Según el Informe de Limpieza Social de la Procuraduría de los Derechos Humanos, en 2006 se cometieron 3.776 ejecuciones extrajudiciales, y buena parte de las víctimas presentaban señales de tortura.

    La Comisión Interamericana reclamó en su comunicado de este viernes que las autoridades de Guatemala adopten "todas las medidas necesarias para resolver la grave situación que afecta al país dentro del pleno respeto a sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos".

    Por Inés Benítez (IPS)